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Opinión

¿Cómo prepararnos para el futuro? 

Responder a la crisis del coronavirus y sus secuelas es el imperativo de estos tiempos. Esta crisis podría suponer el mayor shock económico que ha vivido España desde la guerra civil, con una posible caída del PIB entre el 5,7% y el 13,5% en 2020, según estudios de McKinsey Global Institute en colaboración con Oxford Economics. Este shock, aunque relevante para todos los sectores afectará especialmente al turismo, sector que más riqueza aporta a la economía española (14,6% PIB vs. 10,4% en el mundo en 2018 según WTTC) donde un 55,2% del gasto proviene de consumo internacional (vs. 28.8% en el mundo). 

Aunque es imposible predecir con certeza qué va a pasar, hay ciertos elementos que parece pueden conformar la nueva normalidad.

El optimismo y la valentía serán cualidades más necesarias que nunca para los líderes que toman las decisiones que darán forma a la nueva normalidad

Uno de ellos es la distancia. Para hacer frente a la pandemia, los gobiernos de todo el mundo han impuesto restricciones a la movilidad muy estrictas. Las posibles consecuencias son una  perspectiva de más restricciones fronterizas, mayor preferencia por los productos y servicios locales, y tal vez una resistencia renovada a la globalización. La tecnología sigue reduciendo la distancia física, pero ésta podría volver al tablero de juego de las empresas, a tener en cuenta junto al resto de cambios en las estructuras industriales: cambios en el comportamiento del consumidor, de las posiciones relativas de mercado y del atractivo de los distintos sectores. 

Por otra parte, cualquier empresa que mire al futuro debe tratar de asegurar resiliencia: capacidad de absorber un shock y salir de él con mayor fortaleza que la competencia. En esta ocasión, no bastará con que las empresas ajusten su modelo de negocio; en su lugar, tendrán que repensarlo. Habrá que considerar además el auge de la economía libre de contactos. En tres áreas en particular —comercio digital, telemedicina y automatización—, la pandemia COVID-19 podría ser un punto de inflexión decisivo. Nunca podremos eliminar el valor y la necesidad de contacto humano, pero las tendencias parecen ineludibles, y probablemente irreversibles. 

También, como en el resto de crisis, hemos aceptado una mayor intervención gubernamental de la economía. Hasta el 10 de abril, los gobiernos de todo el mundo habían anunciado planes de estímulo por valor de 10,6 billones de dólares, el equivalente a ocho planes Marshall. Cuánto, a qué velocidad y de qué manera los gobiernos reduzcan su papel económico será una de las cuestiones más importantes de la próxima década. 

Por otra parte, habrá un mayor escrutinio de las empresas. El propósito de una empresa, su razón de ser y su posible impacto en el mundo, será analizado con lupa y deberá satisfacer a los distintos grupos de interés si una empresa quiere garantizar su continuidad. 

Hasta el 10 de abril, los gobiernos de todo el mundo habían anunciado planes de estímulo por valor de 10,6 billones de dólares, el equivalente a ocho planes Marshall

Por último, las características de sus líderes tendrán gran influencia en el futuro de las empresas. El optimismo y valentía serán definitorios. Aunque es poco probable que se acerquen a compensar el peaje humano y económico que está cobrando, no hay que dejar de buscar los posibles aspectos positivos de la crisis. Uno de los más relevantes tiene que ver con el imperativo humano de comunicarse: individuos, comunidades, empresas y gobiernos por igual están aprendiendo nuevas formas de conectarse. Para las empresas, ha supuesto un valioso aprendizaje de cómo operar de forma remota, a un nivel de rendimiento elevado y a una gran velocidad. Y estas prácticas podrían mantenerse, lo que podría facilitar una administración mejor y una estructura laboral más flexible, algo que podría ser particularmente útil para los empleados que necesiten mejor conciliación de su vida personal y profesional, para las personas con discapacidad y para aquellos que prefieren trayectorias profesionales no tradicionales. Además, los líderes empresariales tienen ahora una mejor idea de lo que se puede y no se puede hacer fuera de los procesos tradicionales de sus empresas. 

Estas notas positivas son, sin lugar a duda, minúsculas en comparación con la escala de la catástrofe. Sin embargo, el optimismo y la valentía serán cualidades más necesarias que nunca para los líderes que toman las decisiones que darán forma a la nueva normalidad.

Alejandro Beltrán
Presidente de Mckinsey Iberia.
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