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Opinión

Cómo repensar nuestro mundo

En 1.353 Giovanni Boccaccio escribía en El Decamerón:

No valía entonces ninguna previsión ni providencia humana, como limpiar la ciudad por operarios nombrados para tal caso, ni prohibir que algún enfermo entrara en la población, ni dar muchos consejos para conservar la salud 〉 En todo caso, al iniciarse la primavera del año anterior, comenzó la peste sus horribles efectos, apareciendo de una manera casi milagrosa…”

Cuando los filósofos de la escuela de Mileto crearon la palabra Physis, se referían con ella al estudio de la naturaleza, entendiendo esta no como “ecología”, sino como todo aquello que nos rodea. Para los griegos, esta naturaleza nos era común a todos, no existía una visión de “mi mundo”.

Sin embrago, con la aparición de los Derechos Humanos, la humanidad dejó de pensarse en términos absolutos, y la palabra “yo” apareció en nuestro horizonte discursivo. Hoy, basta con preguntar a cualquier persona su concepto de mundo, para que nos hable de “su mundo”, y no del “nuestro”. El concepto de mundo contemporáneo apela inevitablemente a mi comprensión de lo que me es más próximo, menospreciando la comprensión de los otros.

Hoy solo podemos aferrarnos a nuestro más profundo sentido de humanidad

Cuando la actual administración dictó las medidas preventivas de contagio –demasiado tarde, según los expertos– aconsejando a las personas quedarse en casa, muchos salieron corriendo a desabastecer los supermercados, pero incoherentemente, siguieron asistiendo a espectáculos, gimnasios, parques, restaurantes y saliendo de fiesta (los bares cerraron el día 12, una semana después de las indicaciones gubernamentales). Incluso, miembros del gobierno, desatendiendo sus propias recomendaciones, asistieron a una manifestación, de la cual, probablemente muchos de ellos salieron infectados. Esta conducta es el resultado de un actuar enfocado en “mi mundo” egoísta e individual, e ignorando “nuestro mundo”, aquel solidario y múltiple. ¿Tiene lógica este comportamiento?

Estamos ante una crisis que no pronosticó un estadista, un científico, una súper máquina, o una inteligencia artificial. No, esta enfermedad apareció y mutó en la misma cara del autoritario gobierno chino, que nada pudo hacer para evitar una expansión al mundo. El miedo a esta enfermedad, no solo esta haciendo que la gente actúe de manera irracional (pensemos en el papel higiénico), sino que tiene a los mercados mundiales al borde del colapso.

Todavía no existe una medicina que lo cure, solo procedimientos experimentales. Tampoco contamos con una vacuna. Por ahora lo más efectivo es aquello que como humanos debemos hacer: ser solidarios.

La empatía en su máximo esplendor

Y como si de justicia poética se tratará, al mejor estilo de una tragedia griega, para atacar esta enfermedad hoy solo podemos aferrarnos a nuestro más profundo sentido de humanidad: dependemos de los médicos que trabajan día y noche, dependemos de que los contagiados se aíslen, dependemos de que las personas sanas tomen conciencia de no salir, y sobre todo dependemos de los otros, de su visión de mundo, para salvar “mi” y “nuestro” propio mundo. La empatía en su máximo esplendor.

Liliana Acosta
Filósofa CEO de Thinkers Soul.
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