Los CAEs han dejado de ser una herramienta técnica para convertirse en una palanca real de competitividad. Esa fue una de las ideas más repetidas durante el encuentro organizado por APD en Málaga bajo el título ‘Cuando ser sostenible empieza a ser rentable. Eficiencia energética: ahorro y retorno de la inversión a través de los CAEs’, una jornada celebrada en el Museo Carmen Thyssen con la colaboración de Aconser y Cajamar. El objetivo, tal y como recogía el programa, era ofrecer una visión práctica sobre cómo los Certificados de Ahorro Energético permiten monetizar inversiones en eficiencia y transformar la sostenibilidad en valor tangible para la empresa.
En la apertura, Felipe Medina Abascal, Director de APD en Zona Sur, subrayó que los CAEs permiten algo que hasta hace poco no estaba tan claro para muchas compañías: que el ahorro energético tenga también valor económico. Lo resumió en una frase muy directa al señalar que “reducen el consumo energético, no solo disminuye el coste y también pueden generar ingresos”, además de movilizar inversión privada e integrar la sostenibilidad en la estrategia empresarial.
A continuación, Raúl Rodríguez, CEO de Aconser, insistió en que la eficiencia energética ya no puede leerse solo como una decisión técnica, sino también como una decisión económica y estratégica. Según explicó, los CAEs convierten un ahorro acreditable en un valor tangible para la empresa, siempre que la actuación esté bien resuelta desde el diseño, la implantación, la documentación y la legalización. En esa misma línea, Sergio Durán, Director Territorial Málaga, Granada y Melilla de Grupo Cooperativo Cajamar, defendió que invertir en sostenibilidad no resta competitividad, sino que hace a las empresas más resilientes, más autónomas energéticamente y mejor preparadas para el futuro.

La primera mesa, moderada por Ángel Recio, Delegado de El Español de Málaga, sirvió para explicar cómo los CAEs están dejando de ser una figura puramente regulatoria para convertirse en una herramienta con impacto directo en la empresa. Guillermo López, Consejero Técnico de la SG de Eficiencia Energética del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, lo resumió con una definición muy clara: “un CAE es un ahorro de un kilovatio hora certificado”. A partir de ahí, explicó que el sistema permite medir y dar valor económico a ese ahorro, con un doble beneficio para la compañía: el incentivo por el ahorro certificado y el ahorro recurrente en la factura energética. Lo ilustró con una imagen muy gráfica al compararlo con “coser un agujero en el bolsillo”. También destacó que la industria es hoy el sector que más partido está sacando al sistema, seguido del transporte y el residencial.
Por su parte, Manuel Larrasa, Secretario General de Energía de la Junta de Andalucía, puso el foco en la dimensión empresarial de esta herramienta y en su potencial para reforzar la competitividad del tejido productivo andaluz. Señaló que el sistema está creciendo con rapidez en la comunidad, pero advirtió de que todavía persisten retos importantes, especialmente en la calidad de los expedientes y en el elevado número de casos que requieren subsanaciones. Por eso defendió más divulgación, mejor preparación documental y mayor agilidad administrativa, de modo que las empresas puedan aprovechar mejor la oportunidad que abren los CAEs y convertir ese ahorro energético en retorno económico real.
En el segundo bloque, conducido por Raúl Rodríguez, la conversación pasó de la teoría a la práctica empresarial. Nicolás Tejada Gómez, Responsable de la Oficina Técnica, Medio Ambiente y Sostenibilidad de ACESUR, presentó la experiencia de la planta de Vilches, donde la compañía ha reducido su consumo energético, ha elevado el peso de las renovables y ha comenzado a monetizar actuaciones ejecutadas desde 2023. Uno de los ejemplos más claros fue la mejora del sistema de aire comprimido: un cambio de compresor permitió generar un ahorro de alrededor de 800 MWh, traducido en más de 120.000 euros de ingreso, con una inversión inferior a 100.000 euros, además del ahorro anual en factura.
Tejada defendió además que los CAEs no deben verse como una acción aislada, sino como una capa adicional de rentabilidad dentro de una estrategia más amplia de descarbonización. En su opinión, en Andalucía ese camino no solo es necesario, sino que puede convertirse en una auténtica diferencia competitiva para las empresas.

Posteriormente intervino Luis González, Coordinador de prescripción en KEYTER, con un mensaje claro: la eficiencia no depende solo de sustituir equipos, sino de diseñar mejor las instalaciones y aprovechar mejor la energía. Expuso un caso en la industria cárnica basado en recuperación de calor y producción simultánea de frío y calor útil, y puso cifras al retorno: una sustitución tecnológica podía ahorrarle a la empresa decenas de miles de euros al año y, con el apoyo de los CAEs, superar incluso los 250.000 euros de valorización, acelerando de forma muy notable la recuperación de la inversión. Su conclusión fue directa: “las cuentas salen”, y salen todavía mejor cuando la eficiencia es certificable.
Para la parte de verificación intervino Luis Rodríguez García, Responsable de EQA en la Zona Sur. Fue él quien explicó que el papel del verificador consiste en comprobar que el expediente contiene la información requerida y que los ahorros declarados “son lo que son”, de forma que el expediente pueda pasar al gestor autonómico con una declaración de conformidad y culminar en la emisión del CAE.
La última intervención técnica fue la de Rubén González, Director de Servicios Técnicos de VIVENDIO | Grupo Aconser, que puso el foco en una de las grandes barreras del sistema: no todo ahorro es automáticamente certificable. Su diagnóstico fue muy claro al afirmar que las empresas venden “ahorro y documentación”, pero muchas veces no saben qué documentación preparar ni cómo estructurarla. De ahí la importancia de acompañar los proyectos desde el inicio para que sean medibles, verificables y monetizables.
La jornada dibujó así una visión completa del ecosistema de los CAEs: Administración, empresa, tecnología, verificación, sujeto delegado y banca. En ese esquema, el programa reservaba también una intervención a Myriam Rico Sandoval, Gerente de Finanzas Sostenibles de Grupo Cooperativo Cajamar, centrada en cómo analiza y estructura la banca proyectos de eficiencia energética, reforzando la idea de que la financiación será otra pieza decisiva para acelerar este mercado.
El mensaje final que dejó Málaga fue muy nítido: los CAEs ya hablan el idioma de la empresa. No solo permiten ahorrar energía, sino también generar ingresos, acelerar retornos y hacer más competitivas a las compañías. La sostenibilidad, en definitiva, ya no se queda en el plano reputacional: empieza a medirse también en rentabilidad.