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Máquina y Persona, trabajando codo con byte

Miguel Ángel Turrado, Director General de HP SCDS.

Era mayo de 1997. Para muchos, el duelo de ajedrez más espectacular de la historia y, desde luego, el más mediático. Garry Kasparov, durante 15 años campeón del mundo de Ajedrez, juega la revancha contra DeepBlue. Anteriormente, Kasparov había ganado a la supercomputadora, pero ahora el resultado fue diferente: los medios de todo el mundo recogieron esa primera vez que la máquina había derrotado al hombre en el juego de inteligencia por excelencia.

Hombre y máquina ya llevaban mucho tiempo conviviendo, y esa convivencia ha dado como principal fruto las diferentes revoluciones industriales, los 200 años de mayor crecimiento de nuestra historia. Unas revoluciones que sobre todo han ido suponiendo un cambio constante en la forma en la que trabajamos, apoyados en la tecnología, en las máquinas. Ahora nos encontramos entrando de lleno en otra revolución, que está transformando por completo nuestros trabajos. Nada va a volver a ser igual. Nada ni nadie se librará. Tiene como principal responsable las innovaciones tecnológicas. Tanto aquellas que aun siendo relativamente recientes a veces parece que llevan mucho tiempo entre nosotros (cloud, big data o movilidad), como otras que están viviendo ahora su despegue definitivo: impresión 3D, Inteligencia Artificial, Internet de las Cosas, la Realidad Inmersiva…

Ahora nos encontramos entrando de lleno en otra revolución, que está transformando por completo nuestros trabajos. Nada va a volver a ser igual

Cada día, nuevas realidades

Esta transformación de la forma en la que trabajamos es ya una realidad, y cada día somos testigos de nuevos ejemplos. Desde las tiendas AmazonGo con el concepto “grab and go”, que solo en USA puede afectar a más de 2,3 millones de personas que trabajan en empresas como Walmart o GAP, hasta una aplicación móvil desarrollada en la Universidad de Stanford, que entrenada con 129.000 imágenes de enfermedades de la piel, ha conseguido la precisión del mejor dermatólogo para detectar melanomas. Y podríamos seguir, con el sistema de Inteligencia Artificial que usa el Washington Post para escribir artículos, o con el nuevo asistente de Google que demostró hace unas semanas cómo podría mantener una conversación fluida y natural para reservar por teléfono cita en la peluquería, sin que su interlocutor humano percibiera que hablaba con una máquina.

¿Da vértigo, verdad? Ya tenemos claro que todos los trabajos se van a ver ampliamente afectados por esta nueva revolución, nada que ver a lo que vivieron los “ludistas” en la primera Revolución. Según un reciente estudio de McKinsey, hoy en día ya un 50% de las actividades actuales pueden ser sustituidas por la tecnología. Esto pone en riesgo a más del 20% de los empleos actuales de España, según la OCDE, mientras que un 30% se transformarán por la tecnología.

Según un reciente estudio de McKinsey, hoy en día ya un 50% de las actividades actuales pueden ser sustituidas por la tecnología

maquina y persona

Las personas ante todo

Pero sobre estas realidades también hay bastantes mitos que conviene romper. Hay quien se atreve a decir que las m·quinas llegarán a ser más inteligentes que las personas. Lo que hay es, sobre todo, una parte de lo que podríamos llamar “inteligencia”, principalmente en lo relativo al aprendizaje o “deep learning”, siempre aplicado a ámbitos muy concretos y muy alejados de lo que sería una inteligencia “general”. Las máquinas tampoco son buenas gestionando ambigüedades y áreas grises. Serán mejores en la ejecución de tareas repetitivas y en la extracción de patrones de cantidades masivas de datos, pero siempre con un fin concreto, muy específico; sin embargo, les faltan rasgos tan humanos y tan importantes como la curiosidad, la improvisación o el conectar temas distantes.

Todo lo que se pueda automatizar, se automatizará. En cambio, seguirán siendo necesarias las personas allí donde hagan faltan cualidades como el juicio, la empatía, el pensamiento crítico, la actitud positiva, el espíritu emprendedor… Y por supuesto, para crear y desarrollar las máquinas. Supone numerosos retos, ante los que todos tenemos que estar preparados y dar una respuesta, como empresas, como sociedad y como individuos.

Todo lo que se pueda automatizar, se automatizará. En cambio, seguirán siendo necesarias las personas allí donde hagan faltan cualidades como el juicio, la empatía, el pensamiento crítico, la actitud positiva, el espíritu emprendedor…

Ha sido siempre la combinación de la inteligencias humana y de la máquina la que nos ha fortalecido. Un nuevo capítulo en la historia de la humanidad está empezando, y lo vamos a escribir juntos, hombres y máquinas trabajando codo con codo… o codo con byte.

Para cerrar, volvamos a donde empezamos, a aquella partida de ajedrez. Tras la derrota, Garry organizó un torneo, “Centauro Chess”, donde participaban jugadores de ajedrez de diferentes niveles apoyados por ordenadores de distinta potencia. También se invitó a supercomputadores y a grandes maestros de ajedrez… ¿Quiénes creéis que ganaron? Pues un equipo Centauro, Humano+Máquina. Las máquinas son las mejores para elegir respuestas, mientras que los humanos somos mejores para elegir preguntas. Ahí estuvo la clave.

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