La soberanía tecnológica se ha convertido en una prioridad estratégica para Europa en un contexto de creciente dependencia de proveedores extranjeros. Víctor Pascual, CEO de Cosmikal, reivindica el papel de la tecnología desarrollada en España para reforzar la autonomía digital europea y garantizar la seguridad de las infraestructuras críticas.
Pensar que la ciberseguridad es solo una herramienta de protección es un error. Actualmente se ha convertido en un asunto de continuidad del negocio. Cuando un ataque paraliza una empresa no se cae un servidor, se para la fábrica, no se puede facturar, no se atiende a los clientes y se resiente una reputación que ha costado años construir. La propia regulación lo deja claro. NIS2 señala directamente a los órganos de dirección: el consejo tiene que aprobar las medidas de ciberseguridad, supervisarlas y formarse, y puede responder personalmente si no lo hace. Y no podemos olvidar que las empresas y las administraciones exigen cada vez más garantías a sus proveedores, y quien puede demostrar que protege bien la información de sus clientes compite mejor. La pregunta no es cuánto cuesta la ciberseguridad, sino cuánto vale poder seguir operando mañana.
Hoy en día hay varios riesgos, pero me gustaría destacar tres:
El cambio fundamental que exige esta nueva realidad es ser conscientes de todo ello y convertirlo en una obligación con plazos y responsables.
Antes de responder a la pregunta, me gustaría aclarar que hablar de soberanía no es hablar de autarquía ni de cerrar fronteras. Para mí la soberanía digital es algo muy práctico: la capacidad de seguir operando, auditando y decidiendo sobre tus propios sistemas cuando un tercero cambia las reglas. Puede ser un proveedor que modifica sus condiciones, una ley extranjera que le obliga a entregar datos o una tensión geopolítica que corta un suministro. Lo hemos visto en los últimos años con los semiconductores, con la energía y con las tensiones comerciales entre grandes potencias.
Europa depende en exceso de tecnología que no controla, y en ciberseguridad esa dependencia es especialmente sensible. En Cosmikal lo hemos resuelto por diseño: nuestras soluciones, 100 % españolas, se despliegan íntegramente en las instalaciones del cliente, sin depender de ningún proveedor extranjero, de forma que los datos, las claves y las decisiones se quedan dentro de la organización. Y lo desarrollamos aquí, en Santander y en Madrid, con talento español. Eso hoy tiene un valor estratégico que hace unos años no se apreciaba.
Supone muchísimo, y lo digo con orgullo y agradecimiento a mi equipo, pero también con sentido de la responsabilidad. El catálogo NIAPC recoge los productos de seguridad que la OTAN considera aptos para proteger su información. Entrar ahí significa que tu tecnología ha superado una de las evaluaciones más exigentes que existen, en un catálogo donde conviven los grandes fabricantes internacionales. Que la primera solución española en control de accesos sea la nuestra demuestra que en España se puede hacer ciberseguridad al máximo nivel.
Ese camino empieza en casa. Antes de la OTAN, Endurance obtuvo la certificación LINCE del Centro Criptológico Nacional y entró en su catálogo CPSTIC. El CCN hace un trabajo extraordinario, y sin ese sistema de certificación nacional no habríamos llegado hasta aquí. Para una compañía de nuestro tamaño, además, es una carta de presentación muy potente ante administraciones y sectores críticos, en España y fuera.
Si tuviera que elegir, diría que el gran desafío va a ser mantener el control: saber en todo momento quién accede a qué, con qué permisos y desde dónde, en un entorno cada vez más complejo.
En cinco años, una parte muy importante de los accesos a los sistemas de una empresa no los harán personas, sino máquinas: agentes de inteligencia artificial, sistemas que hablan con otros sistemas. Gobernar esas identidades con el mismo rigor con el que gobernamos a los empleados es un reto enorme que la mayoría de las organizaciones todavía no se ha planteado. A eso se suman otras dos presiones. La primera, la transición a la criptografía post-cuántica, que tiene plazos más cortos de lo que parece. La segunda, el talento: faltan profesionales de ciberseguridad en toda Europa, y no vamos a resolver ninguno de estos retos sin personas bien formadas. Las empresas del sector tenemos la obligación de formar y atraer talento joven, y en Cosmikal es una de nuestras prioridades.