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«Europa no tiene un problema de ahorro, sino de cómo convertirlo en inversión»

Europa afronta una década decisiva para definir su papel en el nuevo orden financiero global. El continente dispone de ahorro, talento, empresas solventes y una banca rentable, pero sigue arrastrando un problema estructural: no ha logrado convertir todos esos activos en una arquitectura financiera suficientemente integrada, profunda y competitiva.

Esta fue una de las reflexiones protagonista durante el desayuno-coloquio ‘Europa en el nuevo orden financiero global: Transformar para competir’, organizado por APD el pasado 6 de mayo en Madrid. Encuentro protagonizado por una interesante conversación entre José Antonio Álvarez, vicepresidente de Grupo Banco Santander, Laura González-Molero, presidente de APD, y Marga García, Managing Director Banking Sector de Babel, al que asistieron medio centenar de directivos de alto nivel.

«En un contexto de tremenda transformación», como señaló Laura González-Molero, es necesario generar espacios de reflexión capaces de analizar los grandes retos empresariales “con perspectiva”. En este caso, el foco se situó en el papel de Europa en el nuevo entorno financiero global y en las decisiones necesarias para reforzar su competitividad.

Ahora mismo hay una sensación de urgencia y de necesidad de cambiar cosas. Esto normalmente lleva a cambiar cosas

Escala, mercado de capitales, tecnología, regulación, Inteligencia Artificial, energía y autonomía estratégica centraron una conversación marcada por una idea principal: no es un problema de diagnóstico, sino de ejecución. ¿Qué papel juega la agenda tecnológica? ¿Debería agilizarse el actual peso del legacy? Y los bancos, ¿están consiguiendo convertir la eficiencia que libera la tecnología en competitividad real? 

Europa no tiene un problema de ahorro, sino de canalización

Uno de los mensajes centrales de José Antonio Álvarez fue que Europa no parte de una posición débil por falta de recursos. El problema, apuntó, está en la forma en que esos recursos se movilizan hacia la inversión: «No hay un problema en Europa de talento o de educación. No lo hay. No hay un problema de ahorro. El problema es que los mecanismos de canalización del ahorro hacia la inversión no están bien diseñados«.

Esta reflexión conecta con los grandes diagnósticos europeos sobre competitividad y con la necesidad de movilizar inversiones masivas para financiar la transición energética, la digitalización, la defensa y la innovación. Para Álvarez, el reto no es solo cuánto dinero necesita Europa, sino cómo consigue transformar el ahorro disponible en inversión productiva.

En esta misma línea, Marga García incidió en señalar que «hablar de la banca europea hoy no es solamente hablar de los retos del sector financiero, sino de la capacidad de Europa de financiar su propia transformación». A su juicio, la banca europea es solvente y rentable, pero el sistema financiero europeo no está diseñado para acompañar por sí solo la magnitud inversora que exige el momento actual.

Europa en el nuevo orden financiero global: transformar para competir - APD DESAYUNO EL RETO FINANCIERO EN EUROPA

El mercado de capitales, la gran brecha frente a Estados Unidos

La comparación con Estados Unidos ocupó buena parte del debate. Álvarez subrayó que la diferencia fundamental entre ambos bloques no está solo en sus bancos, sino en la estructura de sus mercados financieros. «Estados Unidos es un mercado único desde hace 250 años. Europa, si somos optimistas, está en camino de conseguirlo«, auguró.

Esa diferencia condiciona la escala de las entidades, la profundidad de los mercados y la capacidad de financiar grandes proyectos. Mientras en Estados Unidos el mercado de capitales tiene un peso muy superior en la financiación de la economía, Europa sigue dependiendo en mucha mayor medida de la banca. «La gran diferencia en el mundo financiero entre Estados Unidos y Europa es que el mercado de capitales en Estados Unidos representa en torno al 70% de la economía, y en Europa alrededor del 30%. Y con la banca ocurre al revés», expuso el experto.

Para Álvarez, esta es una de las principales razones de la pérdida de competitividad europea. No porque la banca tradicional haya dejado de ser eficiente, sino porque opera dentro de un ecosistema menos profundo, menos líquido y menos integrado.

La gran diferencia en el mundo financiero entre Estados Unidos y Europa es que el mercado de capitales en Estados Unidos representa en torno al 70% de la economía, y en Europa alrededor del 30%. Y con la banca ocurre al revés

En este sentido, iniciativas como la Savings and Investment Union, heredera de la Unión de Mercados de Capitales, aparecen como una pieza clave para reforzar la autonomía financiera europea. Pero su éxito dependerá de que consiga movilizar ahorro a largo plazo, desarrollar vehículos de inversión y canalizar capital hacia empresas y proyectos estratégicos.

Escala, tamaño empresarial y mercado único

En un entorno financiero y tecnológico cada vez más exigente, el tamaño importa. Importa para invertir en tecnología, absorber costes regulatorios, competir internacionalmente y financiar grandes proyectos.

Álvarez explicó que la banca europea sigue operando, en gran medida, como una suma de escalas nacionales. Esa fragmentación limita la capacidad de consolidación, dificulta las fusiones transfronterizas y reduce el potencial de competir con grandes actores estadounidenses o asiáticos.

No es lo mismo crear una empresa con mentalidad de mercado español que una empresa con mentalidad de mercado europeo

El problema de escala afecta también al tejido empresarial. Para el vicepresidente de Banco Santander, uno de los grandes lastres de Europa, y especialmente de España, es el reducido tamaño medio de las compañías: «La competitividad y la productividad en Europa y en España vienen bastante lastradas por el tamaño medio de la empresa. Es difícil pedir a una empresa de 100 trabajadores que haga I+D«, explicó.

A su juicio, muchas empresas europeas han crecido con una mentalidad nacional y no continental, lo que limita su ambición de mercado, su capacidad inversora y su productividad. Y es que, advirtió, «no es lo mismo crear una empresa con mentalidad de mercado español que crear una empresa con mentalidad de mercado europeo».

La falta de un verdadero mercado único aparece así como una de las grandes asignaturas pendientes de Europa. Sin un marco más integrado, será difícil generar empresas con la dimensión necesaria para competir globalmente.

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Tecnología e Inteligencia Artificial: condición para competir

Partiendo de la base de que «no podríamos conseguir la banca actual sin tecnología» y de que «los millones de transacciones por segundo no son concebibles sin ella», José Antonio Álvarez insistió en que la banca es una industria intensiva en tecnología y no puede entenderse sin ella.

La nueva fase de transformación viene marcada por la inteligencia artificial y por su impacto sobre el coste de servir al cliente, la productividad y la eficiencia operativa. Álvarez reconoció que la velocidad de evolución de esta tecnología está sorprendiendo a las empresas aunque, admitió, «no tan rápido«.

Tenemos que ser inteligentes en cómo utilizamos la IA para que sea una inteligencia extendida, pero siguiendo tomando las decisiones y manteniendo esa capacidad crítica

Su impacto será especialmente relevante en los agentes virtuales, la automatización de procesos, el análisis de información y las profesiones basadas en conocimiento acumulado. Pero, en su opinión, la respuesta europea no puede ser defensiva: «El que descubre la tecnología no necesariamente es el que más se favorece de ella. Usar la tecnología rápida y eficientemente, aunque la hayan descubierto otros, es tan o más importante como descubrirla».

Laura González-Molero introdujo en este punto la importancia del pensamiento crítico, la gobernanza y la responsabilidad humana en el uso de la IA. La tecnología debe ayudar a tomar mejores decisiones, pero no sustituir el criterio directivo. «Tenemos que ser inteligentes en cómo utilizamos la Inteligencia Artificial para que sea una inteligencia extendida, pero siguiendo tomando las decisiones y manteniendo esa capacidad crítica», señalaba la presidente de APD.

«Transformar para competir no es solamente una agenda de digitalización; es una agenda de rediseño. Y ese rediseño tiene que ocurrir a la misma velocidad que demanda el mercado», apuntó desde Babel, Marga García, añadiendo además que el reto tecnológico de la banca no consiste solo en digitalizar procesos existentes, sino en rediseñar el modelo operativo.

Europa en el nuevo orden financiero global: transformar para competir - APD DESAYUNO EL RETO FINANCIERO EN EUROPA

Regulación, energía y autonomía estratégica

El debate también abordó el peso de la regulación y la dificultad de crear campeones europeos. «El antitrust europeo ha tenido una visión más país a país que de mercado europeo», señalaba Álvarez recordando que la política de competencia europea ha tendido a analizar los mercados desde una lógica nacional más que continental, lo que dificulta la consolidación empresarial.

Para el vicepresidente de Santander, Europa debe crear condiciones para que las empresas puedan crecer, pero evitando un exceso de dirigismo institucional: “El dirigismo puede ser bueno para generar campeones del pasado, pero no para anticipar cuáles serán los campeones del futuro”, advirtió.

El sistema de pago que triunfe será el que combine eficiencia, conveniencia para el cliente y capacidad de competir con los grandes esquemas internacionales

La energía apareció también como un factor crítico de competitividad. Álvarez recordó que Europa sigue teniendo un problema energético estructural y que el mayor coste de la energía afecta directamente a las empresas. «La energía es más cara en Europa para las empresas, y eso nos hace menos competitivos. Esa es la realidad», se lamentó.

El experto en economía aprovechó para abordar el tema de la autonomía estratégica europea en materia de pagos, a raíz del debate sobre el euro digital y el avance de soluciones privadas europeas como Bizum. Para Álvarez, el sistema que triunfe será el que combine eficiencia, conveniencia para el cliente y capacidad de competir con los grandes esquemas internacionales.

Pasar del diagnóstico a la acción

El desayuno-coloquio dejó una conclusión clara: Europa conoce sus problemas, pero necesita acelerar su capacidad de ejecución. La fragmentación del mercado, la escasa profundidad de los mercados de capitales, el tamaño empresarial, la regulación, la energía y la adopción tecnológica son retos conocidos. La cuestión es si el continente será capaz de transformarlos en reformas reales.

«Ahora mismo hay una sensación de urgencia y de necesidad de cambiar cosas. Esto normalmente lleva a cambiar cosas», alentó Álvarez quien reconoció que existen resistencias importantes, pero también apuntó que el nuevo contexto geopolítico está generando una sensación de urgencia que puede favorecer los cambios.

Transformar para competir significa, en este contexto, mucho más que modernizar la banca. Significa rediseñar las capacidades financieras, empresariales y tecnológicas que Europa necesita para seguir siendo relevante en un mundo marcado por la escala, la velocidad y la competencia entre grandes bloques.

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