Europa se enfrenta a un momento decisivo en el que competitividad, seguridad y capacidad de decisión se han convertido en prioridades inseparables. En esta entrevista, Susana del Río Villar, Doctora en Ciencias Políticas; Miembro del Comité de expertos independientes de la Comisión Europea; Directora y Profesora de “Política europea: análisis e impacto”, Máster de El Correo/Vocento; Asesora sobre UE, Europa y geopolítica para empresas, entidades jurídicas y financieras, analiza los principales desafíos de la Unión Europea y las claves para pasar del diagnóstico a la ejecución, ganar escala, integrar capacidades y anticiparse a las vulnerabilidades en un escenario internacional cada vez más complejo.
Europa afronta una nueva etapa marcada por la competencia geopolítica, tecnológica e industrial. Ante este escenario, la anticipación y la integración son nuestros grandes vectores de poder estratégico europeo. No se trata solo de reaccionar ante los cambios, sino de an-ticiparse a ellos e integrar capacidades para alcanzar escala. De esa capacidad dependerá, en buena medida, preservar la competitividad, la seguridad y la estrategia de decisión europea.
Ese cambio obliga también a entender la integración europea desde una nueva perspectiva. Durante décadas ha sido nuestro gran proyecto de paz, prosperidad y construcción de un espacio económico y político común; ahora, sin abandonar esa esencia, debe convertir-se también en nuestro principal motor estratégico. Por esto, en un mundo de creciente competencia geopolítica y geoestratégica, la escala europea ya no es una opción: es nuestra clave de bóveda. Y alcanzar esa escala pasa por integrar conocimiento, tecnología, industria, talento, financiación y capacidades hasta convertirlos en un verdadero motor europeo.
En definitiva, el desafío de esta década es pasar de una Europa con grandes capacidades potenciales a una Europa capaz de integrarlas, escalarlas y convertirlas en soluciones estratégicas con dimensión global.
Ahora debemos pasar del diagnóstico a la ejecución, con prioridades claras, financiación suficiente, consorcios, calendarios y mecanismos de evaluación. Europa no puede seguir aplazando la culminación efectiva del mercado único, la integración de los mercados de capitales y la reducción de barreras transfronterizas. Tampoco puede demorar la inversión en energía, tecnologías críticas, inteligencia artificial, industria, defensa, espacio e infraestructuras digitales.
Es clave la gobernanza multinivel europea: Bruselas, Estados miembros, regiones, empresas, universidades, centros tecnológicos e inversores deben funcionar como partes de un mismo ecosistema de capacidades. La anticipación estratégica no consiste únicamente en prever escenarios; consiste en construir hoy las capacidades que Europa necesitará mañana.
En ese marco, la Inteligencia Artificial es un buen ejemplo: facilita procesos profesionales, empresariales, médicos, académicos y científicos, pero nunca hay que separar innovación de responsabilidad. La Ley de Inteligencia Artificial europea expresa ese equilibrio entre desarrollo tecnológico y garantías de ética, seguridad, transparencia y derechos fundamentales. El reto no es elegir entre innovación y ética, sino conseguir que la ética forme parte de la propia arquitectura de la innovación. El Marco Financiero Plurianual 2028-2034 será esencial: es expresión de la ambición y de las prioridades estratégicas de Europa. El MFF tiene que ser coherente con los vectores prioritarios.
El Régimen 28 es la gran palanca para resolver un problema estructural: tenemos una enorme dimensión de mercado pero fragmentado y con demasiada regulación y regulaciones. El Régimen 28 introduce un país virtual con regulación empresarial europea común, digital y simplificada. EU Inc.es el brazo para crear la forma jurídica societaria armonizada.
Esto significa un cambio de paradigma: que una empresa pueda pensar, desde su nacimiento, en términos de mercado europeo y no de mercados nacionales sucesivos. Para que funcione, debe abordar ámbitos como derecho societario, insolvencia, fiscalidad empresarial, contratación y movilidad del talento, además de avanzar en financiación transfronteriza.
Pero construir ese marco común es una parte de la ecuación. La escala no se crea únicamente mediante grandes empresas, sino integrando empresas tractoras, pymes tecnológicas, universidades, centros de investigación, inversores y capacidades industriales. El objetivo debe ser pasar de una lógica de beneficiarios de programas europeos a una lógica de construcción conjunta de capacidades europeas. Crear un sistema de sistemas.
Europa se encuentra ante un cambio estructural que exige pasar de una cultura de reacción a una visión de anticipación estratégica. La UE está dando el salto a ser proactiva, ejecutiva. La fragmentación no permite ganar posiciones en productividad, inversión, innovación tecnológica y capacidad para escalar.
Pero Europa conserva fortalezas: un mercado de 450 millones de ciudadanos, capital humano cualificado, una importante base industrial, capacidad científica y tecnológica y un sólido marco institucional. La fragmentación tiene también un coste geopolítico: cuando no somos capaces de alcanzar escala, reducimos nuestro poder geoestratégico. Europa no necesita más diagnósticos; necesita convertir conocimiento estratégico en capacidad de ejecución.

Para responder a ese reto, Europa necesita abordar esta inversión como una arquitectura financiera y estratégica multinivel. El presupuesto europeo debe proporcionar escala y orientación; los Estados miembros complementar esa inversión y el capital público y privado actuar como multiplicadores. La competitividad ya no puede analizarse sin la secuencia firme de Defensa, Seguridad, estabilidad y crecimiento.
La verdadera soberanía europea será una soberanía basada en capacidades industriales enfocadas en Defensa, Espacio, tecnología, innovación, energía. La autonomía estratégica europea no significa autarquía: significa capacidad de decidir, producir, proteger e innovar cuando nuestros intereses estratégicos lo requieren.
La Ley de Aceleración industrial, Made in Europe, IRIS… están enfocados en la nueva era industrial europea. En este contexto, EIC STEP Scale Up – Defence introduce una lógica especialmente relevante: no solo financiar innovación, sino proporcionar capital para que empresas europeas de tecnologías críticas alcancen escala industrial. La próxima década no se decidirá únicamente por quién innova más, sino por quién consigue convertir antes la innovación en capacidad industrial y estratégica. El fortalecimiento de la Defensa europea es la llave de nuestra Seguridad común.
En esa lógica, esta propuesta apunta hacia una nueva concepción de la arquitectura europea, basada en diferentes círculos de integración y cooperación estratégica. Canadá es relevante por sus capacidades industriales, tecnológicas, energéticas y de defensa, y por su pertenencia al espacio transatlántico. Podemos avanzar hacia fórmulas diferenciadas de integración en defensa, espacio, energía, tecnología, investigación o cadenas de suministro.
Además, esta arquitectura no se limita a las relaciones entre la Unión Europea y sus socios. La Comunidad Política Europea reúne a los Estados miembros de la UE con países europeos que no pertenecen a ella, entre ellos Reino Unido y Ucrania. La Comunidad Política Europea puede convertirse en uno de los espacios fundamentales para construir una Europa más amplia en seguridad, democracia y estabilidad, sin confundir cooperación continental con adhesión a la Unión.
La Coalición de Voluntarios muestra, en paralelo, la importancia de articular compromisos entre países dispuestos a asumir responsabilidades en materia de seguridad y de garantías para Ucrania. Es relevante la reciente convocatoria del Congreso de Europa y la creación del Consejo de Seguridad Europeo. Europa debe reforzar su capacidad para actuar como poder continental y contribuir a un multilateralismo eficaz. Los aliados OTAN son fundamentales. La soberanía europea emergente no se construirá frente la interdependencia, sino gestionándola desde una posición de mayor calado y vertebración geopolítica.
En ese marco, España cuenta con activos estratégicos relevantes para la nueva Europa: energía renovable, infraestructuras, conectividad, posición geográfica, empresas tractoras con gran potencial industrial y tecnológico. El reto consiste en transformar esos activos en capacidades con escala europea. Necesitamos más inversión productiva, colaboración público-privada, conexión entre investigación y empresa, mejor transferencia tecnológica y condiciones que permitan a nuestras compañías crecer internacionalmente y ser competitivas ante Estados Unidos y China.
España tiene que mejorar su capacidad de leer estratégicamente la política europea. No basta con captar fondos: tenemos que identificar qué cadenas de valor serán estratégicas para Europa, qué tecnologías determinarán nuestra seguridad económica y qué consorcios empresariales, industriales, tecnológicos y científicos debemos construir. España necesita empresas tractoras con escala suficiente para convertirse en campeones europeos: líderes capaces de integrar capacidades, movilizar talento, atraer inversión y hacer crecer el ecosistema.
España necesita mirar al centro porque ahí se encuentra el espacio de encuentro desde el que buscar y negociar el consenso para representar a los ciudadanos. Los partidos políticos deben escuchar y aprender cómo construyen producción, gestión, negociación, operaciones, cadenas de valor y proyección las empresas. Las empresas generan productos y puestos de trabajo, mueven talento y hacen posible el crecimiento. El consenso es un gran catalizador multinivel: estratégico, empresarial, educativo y social. El consenso es ventaja competitiva empresarial de primer orden.
Europa necesita empresas tractoras capaces de convertir escala empresarial en capacidad industrial y capacidad industrial en poder europeo. El objetivo no debe ser simplemente tener empresas españolas más grandes, sino conseguir que algunas lideren cadenas de valor europeas y competir globalmente.
En Europa, más que preguntarnos por el mínimo o el máximo común denominador, debemos recordar que la palabra decisiva es “común”. Lo común es lo que nos permite integrar, construir consenso y convertir nuestra diversidad en escala, competitividad y capacidad de acción. El consenso es un catalizador geopolítico de primer orden: permite transformar voluntad política en escala, competitividad y poder continental europeo.
El consenso es también clave para definir qué capacidades queremos construir y con qué objetivos y metas realistas. Europa necesita capacidades para protegerse, pero también una visión política que explique para qué quiere utilizarlas y qué proyecto común quiere defender. En esa lógica, Europa debe pasar de gestionar dependencias a anticipar vulnerabilidades y construir capacidades propias allí donde están en juego sus intereses estratégicos. La soberanía europea en Defensa, Espacio, tecnología y ciberseguridad se construye integrando conocimiento, talento y capital, y llevándolos desde el laboratorio y la fábrica al mercado.
El verdadero poder europeo no reside sólo en el tamaño de su mercado, sino en su capacidad para transformar ese mercado en capacidades. Y, en esa transformación, la empresa adquiere una responsabilidad y poder creciente: la geopolítica ha dejado de ser una variable externa a la empresa y hoy forma parte de la estrategia corporativa. La empresa no es únicamente receptora de la estrategia europea, también es creadora e impulsora de esa estrategia.
La soberanía europea del futuro dependerá de nuestra capacidad para decidir qué queremos ser y de disponer de los instrumentos para poder elegirlo. Europa tiene ante sí una oportunidad y misión histórica: hacer de su escala económica, su conocimiento, su industria y su talento una verdadera capacidad de acción. Marcar huella y crear tendencia. El presente y futuro europeo lo estamos escribiendo. Se construye con visión, estrategia, trabajo, capacidades, ilusión y, sobre todo, con la voluntad de actuar juntos.