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Opinión

La responsabilidad de decidir en un mundo más competitivo y más incierto

Por Jacobo Hornedo, CEO de Aon España

Durante décadas, la competitividad empresarial se explicó a través de variables relativamente estables: el tamaño de las compañías, el acceso a los mercados, la eficiencia operativa, la capacidad industrial o el acceso al capital. Esos factores permitieron crecer, internacionalizarse y generar ventajas sostenibles durante largos periodos. Sin embargo, el mundo actual opera bajo una lógica distinta. Esas palancas siguen siendo necesarias, pero ya no son suficientes.

La velocidad del cambio se ha acelerado de forma extraordinaria. A finales de los años cincuenta, una empresa permanecía de media 60 años en el S&P 500. Hoy esa permanencia es inferior a dos décadas. La conclusión es evidente: mantener una posición de liderazgo es mucho más difícil que hace cincuenta años.

Las tensiones geopolíticas, la revolución tecnológica, la transición energética, la competencia global por el talento, la presión regulatoria y la reorganización de las cadenas de suministro han redefinido las reglas del juego.

La competitividad ya no depende únicamente de lo que ocurre dentro de la empresa. Cada vez está más condicionada por factores externos que resultan críticos para el negocio: energía, materias primas, infraestructuras, talento especializado, ciberseguridad, regulación… Variables que, en muchos casos, escapan al control directo de las organizaciones pero que pueden determinar su capacidad de crecimiento.

De hecho, observamos cada día cómo esta nueva realidad se traduce en mayores niveles de volatilidad y complejidad. La toma de decisiones estratégicas nunca había sido tan relevante ni tan exigente. Y esta incertidumbre permanente afecta tanto a grandes corporaciones como a compañías medianas o pequeñas, independientemente de su sector o ubicación geográfica.

decidir en un mundo más competitivo

La responsabilidad de decidir

Existe un dato especialmente revelador. Según uno de los estudios globales de Aon, que analiza la situación de más de 3.000 compañías en todo el mundo, menos de un 20 % realiza un seguimiento sistemático de sus principales riesgos y menos de un 15 % utiliza capacidades avanzadas de analítica para optimizar sus programas de gestión y transferencia del riesgo.

La paradoja es evidente: las decisiones más importantes se toman en un entorno cada vez más complejo, mientras que muchas organizaciones siguen careciendo de la información necesaria para tomarlas con confianza.

Precisamente ahí reside nuestro propósito. Ayudamos a los equipos directivos a tomar mejores decisiones sobre riesgo, capital y talento. Decisiones respaldadas por datos, analítica avanzada y conocimiento especializado que permitan proteger el balance, mejorar la resiliencia y acelerar el crecimiento.

La función de la Gerencia de Riesgos se ha convertido en una de las capacidades más estratégicas dentro de las organizaciones. Su contribución ya no se limita a identificar amenazas; hoy ayuda al Comité de Dirección y al Consejo de Administración a asignar capital de forma más eficiente, priorizar inversiones y fortalecer la capacidad de respuesta ante escenarios adversos.

Las compañías más avanzadas ya no se preguntan únicamente cuáles son sus principales riesgos. Quieren conocer su probabilidad de ocurrencia, cuantificar su impacto potencial sobre resultados y balance, y entender qué inversiones generan la mayor reducción del riesgo por cada euro invertido.

Los altos directivos y los Consejos de Administración tienen la responsabilidad última de proteger el valor de la empresa y garantizar su crecimiento sostenible. Sin embargo, en muchos ámbitos críticos todavía existe una tendencia a delegar decisiones que deberían formar parte de la agenda estratégica del máximo nivel ejecutivo.

La ciberseguridad es probablemente el mejor ejemplo. Los mecanismos de protección evolucionan, pero también lo hacen las capacidades de los atacantes. La cuestión ya no es si una organización sufrirá un incidente relevante, sino cuándo y con qué impacto.

Ante esa realidad, la preparación, la resiliencia operativa y la capacidad de respuesta dejan de ser cuestiones tecnológicas para convertirse en decisiones de negocio. Y como toda decisión de negocio con potencial impacto sobre el balance, la reputación o la continuidad operativa, debe formar parte de la agenda del comité de dirección y del consejo.

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Soberanía y dependencias críticas: la nueva lógica del poder empresarial

La sucesión de crisis sanitarias, energéticas y geopolíticas ha puesto de manifiesto hasta qué punto muchas organizaciones operaban sobre cadenas de suministro extremadamente tensadas, dependencias poco visibles y una confianza excesiva en la estabilidad del entorno.

La pregunta ya no es únicamente cómo ser más eficientes. La pregunta es cómo ser más resilientes. No se trata solo de optimizar costes, sino de garantizar la continuidad del negocio frente a shocks inesperados. Esto obliga a replantear cuestiones fundamentales:

  • ¿De qué países, proveedores o infraestructuras dependen nuestros procesos críticos?
  • ¿Qué concentraciones de riesgo existen en nuestras cadenas de suministro, fuentes de energía o acceso al talento?
  • ¿Qué capacidades estratégicas hemos externalizado en exceso?
  • ¿Qué ocurriría si una de esas dependencias quedara interrumpida mañana?

En nuestra experiencia, las empresas que mejor están respondiendo a este nuevo entorno comparten tres comportamientos: identifican sus vulnerabilidades mediante datos, diversifican inteligentemente sus riesgos y desarrollan capacidades propias allí donde la dependencia resulta más crítica. Esa es la nueva lógica de la competitividad.

Competir en ecosistemas

Por su parte, las organizaciones líderes han comprendido que la resiliencia ya no puede construirse de forma aislada. Los ecosistemas más competitivos presentan rasgos comunes. El primero es una visión integrada del riesgo. Las compañías dejan de analizar por separado los riesgos de talento, tecnología, clima, regulación o ciberseguridad y comienzan a entender cómo interactúan entre sí. La analítica avanzada les permite cuantificar esas conexiones y tomar decisiones de inversión más eficientes.

El segundo es una gestión estratégica del talento. La competencia global por capacidades tecnológicas y digitales ha convertido la agenda de personas en una cuestión central de competitividad empresarial. La capacidad para atraer, desarrollar y retener talento crítico ya influye directamente en los resultados financieros, la innovación y el crecimiento.

Convertir la volatilidad en mejores decisiones

En Aon creemos que, en un entorno de incertidumbre creciente, la verdadera ventaja competitiva reside en la calidad de las decisiones. Nuestro propósito es ayudar a nuestros clientes a estar mejor informados, mejor preparados y mejor posicionados para tomar aquellas decisiones que protegerán y harán crecer sus negocios. Y lo hacemos combinando tres capacidades diferenciales:

  • Datos y analítica para medir y priorizar los riesgos que realmente importan.
  • Soluciones de riesgo, capital y personas que permiten transferir, financiar o mitigar esos riesgos de forma eficiente.
  • Asesoramiento estratégico para transformar la incertidumbre en claridad y acción.

La transferencia de riesgos al mercado asegurador es únicamente una parte de ese proceso. Antes de transferir un riesgo, ayudamos a nuestros clientes a comprenderlo, cuantificarlo y gestionarlo. Analizamos probabilidades de ocurrencia, modelizamos escenarios de pérdida, estimamos el impacto potencial de las medidas de protección y diseñamos estructuras de retención y transferencia alineadas con los objetivos financieros de cada organización.

No solo cuestión de escala o eficiencia

Competir hoy significa aceptar que la competitividad ya no es únicamente una cuestión de escala o eficiencia. Es una cuestión de resiliencia, capacidad de adaptación y calidad de las decisiones. Significa comprender que las dependencias críticas son ya un asunto estratégico. Que la incertidumbre no es una excepción, sino el nuevo contexto operativo. Y que la diferencia entre liderar o reaccionar dependerá, cada vez más, de quién sea capaz de anticipar mejor, interpretar mejor y decidir mejor. El mundo seguirá siendo complejo. La volatilidad seguirá presente.

Lo que sí está en nuestras manos es responder con mejores datos, mejores análisis y decisiones más valientes. Y precisamente ahí es donde Aon puede marcar la diferencia.

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