Me gustaría empezar con dos referencias. Por un lado, la definición de competitividad según la Harvard Business Review: “La capacidad de una sociedad o empresa para ofrecer a los clientes más valor que el de su competencia”. Por otro, las palabras del economista y académico de Michigan, Michael E. Porter: “La prosperidad de una nación se crea, no se hereda. La competitividad depende de la capacidad de su sociedad y de su industria para innovar y mejorar más que los demás”.
Vivimos uno de los momentos de mayor transformación económica de las últimas décadas en el mundo, en España y también en Aragón. La tecnología, la inteligencia artificial, las energías limpias, la geopolítica, el envejecimiento de la población, las nuevas potencias económicas y militares, los nuevos competidores industriales y tecnológicos y los cambios acelerados en las cadenas de suministro están redefiniendo los tableros actuales. Todos estos factores determinan dónde se invierte, dónde se crea empleo y, en definitiva, dónde se genera prosperidad, que no es otra cosa que decidir dónde van a disfrutar de una mejor calidad de vida los ciudadanos.
Europa afronta este cambio desde una posición incómoda. La propia Comisión Europea reconoce que durante más de dos décadas no hemos seguido el ritmo de otras grandes economías debido, entre otras razones, a una persistente brecha de crecimiento de la productividad. Europa se ha retrasado respecto a Estados Unidos en tecnologías avanzadas, mientras China ha alcanzado, e incluso superado, posiciones de liderazgo en casi todos los sectores industriales y tecnológicos. El informe Draghi cuantificó en 750.000-800.000 millones de euros anuales la inversión adicional necesaria para afrontar los grandes objetivos europeos. Además, señalaba el gran problema de gobernanza y dirección estratégica de la UE que sufrimos, y la urgencia de acometer ya los cambios estructurales que necesitamos.
Ser competitivos no significa simplemente producir más barato. Significa ser capaces de utilizar mejor nuestros recursos, nuestro talento, nuestro capital y nuestra tecnología
Aragón no es una isla; somos parte y competimos en ese mismo mundo. Pero ¿qué significa realmente ser competitivos? No significa simplemente producir más barato. Significa ser capaces de utilizar mejor nuestros recursos, nuestro talento, nuestro capital y nuestra tecnología -y digo «nuestro», no el de otros- para generar más valor y, con ello, mayor prosperidad y calidad de vida. La competitividad y la productividad están íntimamente ligadas a esa capacidad de utilizar los recursos de los que disponemos para crear valor. A veces nos colgamos la medalla de ser “tecnológicos” cuando, en realidad, somos simplemente usuarios de la tecnología de otros.
Esta idea ha estado desde el principio en el centro del trabajo del Think-Tank Aragón que tengo el honor de presidir: impulsar la competitividad de nuestra sociedad como la mejor forma de favorecer el desarrollo económico y social, y garantizar el bienestar futuro de los aragoneses.
Aragón parte de una buena posición, pero no podemos conformarnos. Hay razones para mirar al futuro con confianza. En los cuatro white papers publicados por el Think Tank Aragón hasta el momento, mostramos que el índice desarrollado por CEOE Aragón e Ibercaja refleja que Aragón experimentó durante 25 años una importante convergencia competitiva, hasta superar en 2023 tanto la media española como la europea. Asimismo, el Índice de Competitividad Regional del Consejo General de Economistas situaba a Aragón en la quinta posición entre las 17 comunidades autónomas, aunque todavía dentro del grupo de competitividad media y por detrás de Madrid, País Vasco, Navarra y Cataluña. Aragón tiene fortalezas importantes, pero también tiene recorrido. Y precisamente ahí está nuestra oportunidad.
Aragón parte de una buena posición, pero no podemos conformarnos. Hay razones para mirar al futuro con confianza
Durante este tiempo, el Think-Tank Aragón ha identificado y trabajado en los que consideramos los once grandes retos competitivos de la sociedad aragonesa: Capital humano; Imagen y Marca Aragón; Innovación y tecnología; Conexión entre formación y empresa; Eficiencia del sector público; Cultura empresarial y emprendimiento; Productividad y costes; Fiscalidad competitiva; Tamaño de las empresas; Infraestructuras; Reto demográfico.
No se trata de once problemas independientes; forman un sistema y son las piezas fundamentales del puzle de la competitividad de nuestra sociedad.
Tras cuatro talleres de trabajo tipo Go-Fast y sus correspondientes publicaciones —y los sucesivos que vendrán—, desde el Think-Tank Aragón, compuesto por miembros relevantes y de prestigio de todos los sectores de nuestra sociedad, creemos que algunas actuaciones deberían adquirir un carácter prioritario.
La primera es el talento. Necesitamos atraerlo, formarlo y, sobre todo, retenerlo. Para ello, debemos conectar mucho mejor las necesidades presentes y futuras de las empresas con la Universidad y la Formación Profesional, reforzar las competencias STEAM y digitales, y facilitar la incorporación de profesionales procedentes de otros territorios. El desajuste entre la formación y las necesidades empresariales, sumado a las condiciones para atraer el talento, constituye uno de nuestros gaps estructurales.
La segunda es la imagen y marca de Aragón. Aragón es historia, tradición, nieve, naturaleza, turismo, movilidad, industria, tecnología, energía, territorio, gastronomía, logística, creación, arte y Goya. Somos una sociedad acogedora pero desconocida, poco relevante, no activa y con una falta de conciencia de este valor, tanto en el ámbito institucional como en el empresarial e incluso el social. Comunicamos «por debajo de nuestras posibilidades», lo que transmite una imagen neutra que no permite destacar frente a otros territorios ni tener un mayor peso político en el contexto nacional e internacional. Ese peso es el que favorece la atracción de inversiones, empresas y, sobre todo, talento. En definitiva, debemos aprender a contar mejor Aragón.
Aragón dispone de excelentes empresas, universidades, centros tecnológicos y talento investigador, pero necesitamos conectar mucho mejor esos mundos.
La tercera es la innovación, la tecnología y la productividad. Aragón dispone de excelentes empresas, universidades, centros tecnológicos y talento investigador, pero necesitamos conectar mucho mejor esos mundos. La innovación sigue apareciendo como una de nuestras principales oportunidades de mejora competitiva. Debemos acelerar la transferencia de conocimiento, facilitar el acceso de las pymes a la innovación, digitalizar procesos e incorporar decididamente la inteligencia artificial, la automatización y las nuevas tecnologías. También debemos romper con la atomización de los centros tecnológicos y educativos para crear entes más grandes, alineados y competitivos. Al mismo tiempo, urge recuperar los niveles de productividad, que se han visto muy impactados por el aumento de los costes, el absentismo y una regulación excesiva no productiva.
La cuarta es mejorar el entorno para hacer empresa. Necesitamos menos burocracia, trámites más rápidos, una regulación más sencilla, una Administración orientada a resultados y una fiscalidad que incorpore la competitividad entre sus criterios. Debe entenderse bien que una fiscalidad competitiva hoy atrae talento y, a la postre, se traduce en una mejor calidad de vida para nuestra gente tanto en el presente como en el futuro. Competitividad empresarial y eficiencia del sector público están inevitablemente conectadas. Hay, además, una dimensión cultural: necesitamos más vocaciones empresariales, más emprendimiento, mayor tolerancia al riesgo y un mayor reconocimiento social del empresario. Una sociedad competitiva necesita personas dispuestas a crear, invertir, innovar y asumir riesgos. El cuarto white paper recuerda precisamente que la cultura empresarial y el emprendimiento son motores esenciales de innovación, productividad y capacidad de adaptación.
Una sociedad competitiva necesita personas dispuestas a crear, invertir, innovar y asumir riesgos
Los siguientes retos competitivos, el tamaño de las empresas, las infraestructuras y el reto demográfico son los próximos retos competitivos, me gusta llamarlos nuestras oportunidades de mejora, que el Think-Tank Aragón va a analizar. El objetivo, como en los anteriores, es proponer medidas “SMART” (específicas, medibles, alcanzables, relevantes y acotadas en el tiempo) que, de ser implantadas, sirvan para impulsar más y mejor la competitividad de la sociedad de Aragón, así como su desarrollo económico y social.
Competitividad puede parecer una palabra estrictamente económica, pero no lo es. Detrás de ella están los salarios que podremos pagar mañana, las empresas que decidirán instalarse aquí, nuestros jóvenes que podrán quedarse, los servicios públicos que podremos financiar y el nivel de bienestar que podremos mantener.
Los gaps competitivos no deben desanimarnos: son nuestra agenda de oportunidades. Pero existe una condición ineludible: actuar. Porque mientras nosotros debatimos, otras regiones, países y continentes trabajan duro y avanzan con el claro objetivo de reclamar para ellos parte de la calidad de vida de la que hoy disfrutamos.
Aragón dispone de capacidades suficientes para competir entre las mejores regiones europeas. La cuestión no es si podemos hacerlo, sino si seremos capaces de transformar nuestras fortalezas en ventajas competitivas sostenibles a tiempo.
Suelo decir que la competitividad es en sí misma una de las mejores políticas sociales que podemos hacer, algo que nunca está conquistado para siempre. Se construye cada día y el mejor momento para hacerlo empezó ayer.