En un entorno donde los riesgos ya no actúan de forma aislada, sino como un sistema interconectado con impacto directo en los resultados, las organizaciones se enfrentan a un cambio estructural en su gestión. Además, la disrupción tecnológica, la incertidumbre geopolítica y la aceleración del cambio obligan a las compañías a evolucionar desde modelos reactivos hacia enfoques predictivos y basados en datos. En este escenario, anticipar escenarios, priorizar inversiones en resiliencia y alinear la gestión del riesgo con la estrategia corporativa se convierten en elementos clave para proteger valor y sostener el crecimiento a largo plazo.
Hablamos con David Andreu, Director Corporate de Aon, sobre cómo integrar el riesgo en la toma de decisiones, el papel clave del CFO y por qué la resiliencia se ha convertido en una ventaja competitiva en un contexto de creciente complejidad.
En base a los resultados de la última edición de la Encuesta Global sobre Gestión de Riesgos (GRMS) de Aon, podemos afirmar que hoy el riesgo empresarial ha cambiado de naturaleza: no se trata solo de “más riesgo”, sino de un cambio estructural. Los riesgos ya no se comportan como elementos independientes, sino como un sistema interconectado en el que un ciberataque, una sanción regulatoria o una tensión geopolítica pueden traducirse en impactos financieros en cuestión de horas.
Además, no todos los riesgos son transferibles al mercado asegurador, lo que obliga a integrar la gestión de riesgos en el núcleo de la estrategia empresarial, en la asignación de capital y en la toma de decisiones del Consejo.
Saldrán reforzadas las empresas que sean capaces de convertir la gestión del riesgo en una verdadera ventaja competitiva. Estas compañías cuentan con una Gerencia de Riesgos sólida, con reporte directo al Consejo de Administración y con capacidad para apoyar decisiones estratégicas basadas en datos.
Las decisiones clave son, al menos, tres:
El CFO debe ser espónsor y coprotagonista, pero la anticipación a riesgos se reparte entre todo el C-Suite.
El papel específico del CFO es traducir el mapa de riesgos en impactos financieros potenciales, para poder tomar decisiones informadas de mitigación, protección de balance y asignación de capital. A partir de esa visión, puede priorizar inversiones en resiliencia y evaluar su retorno.
En cuanto a nuevas capacidades, las empresas necesitan, ante todo, fortalecer sus capacidades de datos y análisis: gobernar bien la información de riesgo, utilizar analítica avanzada y escenarios, y conseguir una visión corporativa integrada del riesgo conectada con los indicadores de negocio y de capital.
En segundo lugar, deben mejorar su capacidad de decisión bajo incertidumbre: trabajar sistemáticamente con escenarios y pruebas de estrés, operar con un marco claro de apetito y tolerancia al riesgo y priorizar las inversiones en resiliencia en función del valor que protegen.
Además, es clave desarrollar capacidades organizativas y de gobierno: integrar la gerencia de riesgos en los órganos de gobierno y reforzar la gestión del riesgo extendido de la cadena de suministro y terceros críticos.
Finalmente, todo esto requiere una nueva cultura de riesgo y resiliencia: líderes formados para interpretar riesgos complejos, equipos capaces de colaborar de forma transversal y una organización que hable un lenguaje común de riesgo y lo incorpore a sus decisiones estratégicas del día a día.
Una buena gestión del riesgo impacta de forma directa e indirecta en la valoración de la compañía por varios motivos:
Adicionalmente, en sectores regulados o con alta sensibilidad ESG, una Gerencia de Riesgos robusta puede convertirse en condición de acceso a determinados contratos, licencias, programas de financiación o incluso a ciertos inversores institucionales.
Hoy la diferencia no la marca solo la política de riesgos, sino la tecnología que la soporta y la calidad de los datos que la alimentan.
Destacaría, en particular:
Sin lugar a duda, los datos y la analítica avanzada son ya la base de una Gerencia de Riesgos moderna. Sin datos, la gestión del riesgo se queda en un documento estático; con datos de calidad y modelos adecuados, se convierte en una auténtica herramienta de decisión.
El mayor riesgo es mantener un enfoque de gestión de riesgos estático, fragmentado y centrado únicamente en el cumplimiento, mientras el entorno evoluciona de forma exponencial. Eso genera una brecha cada vez mayor entre el riesgo real y la capacidad efectiva de gestionarlo.
¿Qué deberían estar haciendo ya las empresas?
Y, muy importante, alinear al Consejo, al CFO y al resto de la alta dirección en una visión común de gestión del riesgo, resiliencia y creación de valor a largo plazo.