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¿Cómo medir la competitividad empresarial?

Hoy más que nunca saber cómo medir la competitividad empresarial es clave para abordar el futuro y mantener una posición sostenible en el mercado. No es en absoluto una cuestión baladí. Asistimos a un momento en el que la mayoría de estadísticas relacionadas con la mortalidad empresarial son claras en sus conclusiones: un alto porcentaje de empresas cesan su actividad antes de cumplir la década.

Desde luego, tal y como aseguran desde Improven, “el éxito a lo largo del tiempo tiene poco o incluso nada que ver con la casualidad o la suerte. De hecho, es muy importante contar con un proyecto realmente retador y con un talento comprometido con los objetivos y el modelo de negocio, porque hoy los números no bastan”.

El éxito a lo largo del tiempo tiene poco o incluso nada que ver con la casualidad o la suerte

Ante este paradigma son cada vez más los directivos que se preguntan: ¿qué puede poner en riesgo la salud de mi empresa? ¿Conozco en profundidad cómo van a afectar a mi empresa y sector las nuevas tendencias? ¿Qué factores condicionan nuestra competitividad? Y sobre todo, ¿cómo realizar un diagnóstico certero de la misma?

¿Cómo medir la competitividad empresarial en 5 pasos?

Clave para medir la competitividad ¿Qué analizar? Objetivo
Ventas y rentabilidad Evolución de ventas, beneficios y cuota de mercado frente a años anteriores y competidores. Comprobar el crecimiento real del negocio.
Procesos y productividad Eficiencia de los procesos, alineación con la estrategia y uso de la tecnología. Optimizar recursos y mejorar la productividad.
Calidad del equipo Talento, capacidades y preparación de los profesionales. Contar con un equipo competitivo y preparado para crecer.
Estrategia empresarial Propuesta de valor, diferenciación y posicionamiento en el mercado. Mantener una ventaja competitiva sostenible.
Tendencias del entorno Cambios tecnológicos, sociales, económicos y del sector. Anticiparse a oportunidades y riesgos.

Pararse y reflexionar sobre los nuevos escenarios en los que competir mejor es –así lo apuntan los analistas- el primer paso. Todo un proceso de análisis sobre el modelo de negocio y nuestra propuesta de valor como compañía, que según los expertos de Improven podemos materializar en 5 pasos a los que debemos prestar especial atención:

1. Evaluar la evolución de las ventas y de la rentabilidad 

Siempre respecto a años anteriores y respecto a la situación del propio sector al que pertenece la compañía, siendo exigentes con los objetivos marcados. En otras palabras… “hemos aumentado ventas pero… ¿hemos incrementado cuota de mercado?”.

2. Analizar los procesos y la productividad

Para ello hay que ahondar en cuestiones como el grado de alineación de los procesos con la estrategia marcada, analizando si nuestro foco de atención y nuestra fuerza como compañía está en la parte más estratégica, en el core del negocio, y comprobando si la tecnología de la que disponemos se está aplicando correctamente con el fin de optimizar los procesos operativos.

3. Medir la calidad del equipo

Contar con el talento adecuado es fundamental para llegar a una consecución exitosa de nuestros objetivos, por lo que preguntarnos “¿tengo el equipo adecuado para competir?” o “¿a cuántos profesionales de mi equipo me llevaría a desarrollar un nuevo proyecto?”, ayudará indudablemente.

4. Radiografiar nuestra estrategia

¿Soy uno más en mi sector? ¿Soy diferente? Preguntarnos con qué valores diferenciales cuenta nuestra estrategia y, sobre todo, saber si esta nos obliga a mejorar y diferenciar nuestro servicio o producto nos facilitará identificar si contamos con la competitividad suficiente para abordar las consecuencias derivadas de la redefinición constante de los sectores, canales y clientes que más nos afectan.

5. Observar las tendencias de nuestro entorno

La necesidad de sistematizar los procesos de observación y entendimiento del entorno con el fin de detectar con la mayor antelación posible cómo los cambios sectoriales, sociales o tecnológicos pueden afectarnos, es quizá una de las principales cuestiones a tener en cuenta.

En definitiva, 5 pasos que nos ayudarán a atisbar un horizonte más claro en clave de competitividad, y conocer con mayor exactitud si seguimos siendo atractivos a los ojos de un inversor.

¿Qué indicadores de competitividad debe medir una empresa?

Los indicadores de competitividad permiten realizar un diagnóstico objetivo de la situación de una empresa y comprobar su capacidad para competir y crecer. Aunque existen diferentes tipos de indicadores, lo recomendable es contar con un sistema de indicadores adaptado a los objetivos y al modelo de negocio. Entre los más relevantes destacan:

  1. Productividad y eficiencia: permiten conocer la relación entre los recursos utilizados y los resultados obtenidos, identificando posibles oportunidades de mejora.
  2. Rentabilidad: los indicadores de rentabilidad ayudan a evaluar la capacidad de la empresa para generar beneficios y mantener su actividad de forma sostenible.
  3. Cuota de mercado: muestra la posición de la compañía frente a sus competidores y permite analizar su evolución dentro del sector.
  4. Calidad: medir la calidad de los productos o servicios ayuda a detectar incidencias, reducir errores y reforzar la propuesta de valor.
  5. Satisfacción del cliente: conocer el nivel de satisfacción y analizar la experiencia del cliente permite identificar aspectos que pueden afectar a la fidelización y a la reputación.
  6. Indicadores estratégicos: recopilar y analizar estos indicadores facilita la toma de decisiones basada en datos y permite establecer prioridades de mejora.

¿Cómo mejorar la competitividad mediante una gestión eficiente de los procesos?

Una buena gestión de los procesos internos puede mejorar la competitividad, incrementar la productividad y conseguir que los recursos disponibles se utilicen con mayor eficiencia. Para lograrlo, las empresas pueden actuar sobre diferentes áreas:

  1. Revisar los procesos de producción: identificar tareas innecesarias, cuellos de botella o ineficiencias permite reducir costes y mejorar la calidad del producto.
  2. Definir objetivos medibles: establecer objetivos concretos facilita que cada equipo conozca sus prioridades y pueda evaluar los resultados alcanzados.
  3. Aprovechar la tecnología y la información: las herramientas digitales, la automatización y la inteligencia aplicada al análisis de datos permiten optimizar procesos y anticiparse a cambios en el mercado.
  4. Adaptar el modelo de negocio: revisar periódicamente el modelo de negocio ayuda a detectar oportunidades, desarrollar nuevos productos y responder a las nuevas necesidades de los clientes.
  5. Mejorar la comunicación interna: una comunicación fluida entre departamentos facilita la coordinación, reduce errores y agiliza la ejecución de las tareas.
  6. Aplicar buenas prácticas de sostenibilidad: integrar criterios de responsabilidad y sostenibilidad, como la reducción de la huella de carbono, puede generar beneficios tanto operativos como reputacionales.

¿Qué estrategias ayudan a mantener una buena competitividad a largo plazo?

Mantener una buena competitividad requiere una visión a largo plazo y capacidad para adaptarse a los cambios de la competencia, del sector y de la propia industria. Algunas estrategias que pueden contribuir a conseguirlo son:

  1. Invertir en innovación: destinar recursos a inversión, tecnología, nuevos productos, servicios e infraestructura permite evolucionar y responder a las nuevas demandas del mercado.
  2. Impulsar el crecimiento sostenible: el crecimiento debe estar acompañado de una gestión eficiente de los recursos para favorecer la estabilidad y la prosperidad de la empresa a largo plazo.
  3. Reforzar las estrategias de marketing: conocer al cliente, analizar a la competencia y adaptar las estrategias de marketing ayuda a mejorar el posicionamiento y detectar nuevas oportunidades.
  4. Adaptarse al entorno regulatorio: conocer la legislación y las medidas impulsadas por el gobierno que afectan al sector permite anticiparse a cambios normativos y reducir riesgos.
  5. Medir y revisar los resultados: un alto porcentaje de empresas necesita adaptar periódicamente sus objetivos e indicadores a los cambios del mercado para mantener su capacidad competitiva.

En la fiabilidad del diagnóstico está el secreto

Los expertos no lo niegan, medir la competitividad es un ejercicio duro y requiere de mucha objetividad. Esta es la razón por la que se aconseja contar con un partner con la suficiente experiencia a la hora de realizar el diagnóstico.

Un diagnóstico que, de cara a su fiablidad, ha de reunir una serie de “imprescindibles” que, en opinión de los consultores de Improven, podrían resumirse principalmente en:

  1. Claridad en la definición de la estrategia. ¿Tenemos claro dónde queremos llegar? ¿Estamos haciendo todo lo necesario para llegar?
  2. Objetividad en la revisión de la evolución de las ventas (por segmento de clientes)
  3. Rigor en el análisis de la rentabilidad de clientes y productos.
  4. Disposición de indicadores y objetivos relacionados con el cumplimiento de la estrategia y de los objetivos operativos de ventas, productividad, rentabilidad, caja los relacionados con el talento.

medir la competitividad

¿Competitivos en el siglo XXI? Es posible

Mantener o reconducir nuestra competitividad frente a nuestros principales competidores en pleno siglo XXI es algo ineludible. Al igual que lo es anticiparse al mercado e incrementar de este modo la capacidad de dar respuesta para asegurar la sostenibilidad del negocio. Pero, ¿qué palancas son las que funcionan en el mercado actual?

Según se desprende del ‘Observatorio de Competitividad Empresarial’ elaborado recientemente por la Cámara de Comercio de España, “las empresas de mayor tamaño crean más empleo, están más internacionalizadas, invierten en innovación en mayor medida, están más digitalizadas, son más productivas y tienen un mejor acceso a la financiación”.

Sin el tamaño suficiente, cabe el riesgo de perder la posibilidad de generar economías de escala

En la misma línea, desde Improven aseguran que “sin el tamaño suficiente, además de poder ser relegado a un segundo plano por competidores más globales y eficientes, cabe el riesgo de perder la posibilidad de generar economías de escala”.

Sin embargo, los expertos de la consultora inciden también en el hecho de que, sumado a lo anterior, contar con ingredientes como “una gran ambición para afrontar la ideación de nuevos productos, canales y segmentos; rapidez y efectividad a la hora de definir las principales áreas de mejora; velocidad a la hora de conseguir resultados a corto plazo; y una total involucración del mejor talento” son factores clave para situarse a la vanguardia.

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