En 1958, cuando la televisión acababa de llegar a España, una empresa de Santiago de Compostela empezó a fabricar antenas. Casi siete décadas después, aquella empresa es el origen de una corporación que desarrolla infraestructuras avanzadas de radiofrecuencia y datos, diseña microelectrónica y, a través de su división Maxwell, llega a sectores estratégicos como Seguridad, Defensa y Aeroespacio. Entre un punto y otro no hay un golpe de suerte ni una gran operación financiera, sino una costumbre muy de la casa: cada vez que aparecía un reto, Televés aprendía a hacer algo que todavía no sabía hacer. Y lo aprendía dentro, con su propia gente.
Aquella antena fue el primer producto, pero nunca el destino. Hoy Televés forma parte de una corporación que ha llevado su actividad a ámbitos tecnológicos distintos, organizada en dos grandes divisiones que comparten la misma base de conocimiento, ingeniería y capacidad industrial. La primera, que lleva el nombre de Televés, conserva el oficio de origen en el entorno profesional: hacer llegar la señal desde donde se capta hasta donde se usa. Solo que hoy esa señal ya no es únicamente televisión, sino también datos digitales, y viaja por cable de cobre, fibra óptica o radio en viviendas, hoteles, grandes edificios, redes de operadores y centros de datos. La segunda es Maxwell, que diseña, industrializa y fabrica electrónica de altas prestaciones (circuitos digitales, de radiofrecuencia y de microondas) para sectores estratégicos como Seguridad, Defensa o Aeroespacio, donde un fallo no es una opción.
¿Cómo se pasa de fabricar antenas a diseñar circuitos integrados? Repasando el catálogo de cada época no se entiende. La clave está en una forma de decidir: desde sus primeros años, cada reto planteaba a Televés una nueva exigencia tecnológica, y la respuesta casi siempre consistía en adquirir capacidades que aún no tenía, ya fuera diseñar un circuito, desarrollar un proceso industrial, automatizar una operación o incorporar tecnologías de fabricación emergentes. Muchas de las rutinas actuales de la fábrica nacieron así.
El mejor ejemplo llegó a comienzos de los 80 con el montaje superficial. Frente al sistema tradicional de inserción de componentes en la placa, la nueva técnica permitía montarlos directamente sobre su superficie, dando lugar a equipos más compactos, fiables y fáciles de automatizar. Hoy es el estándar de toda la industria electrónica. Televés apostó por ella cuando apenas se usaba y trajo a Santiago una máquina de Siemens Electronics, la primera de su categoría que salía de Alemania, que todavía se conserva en exposición. La verdadera dificultad no estaba en instalarla, sino en dominar el proceso: durante meses, ingenieros de ambas empresas lo perfeccionaron codo con codo.

Décadas después, la escena se repitió. Televés decidió desarrollar circuitos integrados MMIC, chips que concentran en unos milímetros funciones de radiofrecuencia que antes ocupaban una placa entera, para su plataforma TForce. De nuevo fue necesario incorporar equipamiento de Siemens y, una vez más, el reto no terminó con su puesta en marcha: los equipos de ambas compañías tuvieron que afinar juntos la soldadura por flux, un proceso crítico que exige una precisión extrema. Habían cambiado las máquinas, los componentes y la escala. La actitud era la misma.
La lección para cualquier directivo es clara: en Televés la capacidad suele llegar antes que el negocio. Primero se aprende a hacer algo y después esa capacidad encuentra su aplicación en el mercado. Por eso conviven bajo el mismo techo diseño, ingeniería, industrialización, fabricación y conocimiento del cliente. Esa integración, poco habitual, permite recorrer en casa casi todo el camino entre una necesidad técnica y una solución lista para fabricar y desplegar, y responder con ingeniería y soporte propios cuando un proyecto pide algo más que un producto.
Ese mismo método explica cómo ha crecido el perímetro de la empresa: siempre hacia ámbitos tecnológicos relacionados, apoyándose en lo que ya dominaba. El dominio de la radiofrecuencia, la tecnología que permite transmitir información mediante ondas electromagnéticas, llevó a Televés a la electrónica. La evolución de las redes la llevó a la fibra óptica, el software y el IoT: soluciones para conectar dispositivos y gestionar la información que generan. Y la microelectrónica le abrió mercados muy alejados de la televisión. Ninguno de esos pasos fue un salto al vacío.
Dentro de la división Televés, TRedess es un buen ejemplo. Nació en 2003, cuando España preparaba el paso a la televisión digital terrestre (TDT), para fabricar reemisores: pequeños equipos que reciben la señal y la vuelven a emitir para llevarla a zonas de menor cobertura. Supuso aprender el oficio desde el otro lado de la antena, el de la transmisión, y no solo el de la recepción. Creció con operadores como Retegal o Retevisión, acompañó a TDF en el apagado analógico de Francia y desde 2015 fabrica transmisores de baja, media y alta potencia. Ya ha desplegado más de 25.000 equipos de diseño y fabricación propios en más de 50 países, de Suecia a Vietnam.

Maxwell es el paso más largo de ese recorrido. Reúne diseño electrónico de RF y microondas, simulación (probar los diseños por ordenador antes de fabricarlos), circuitos integrados, sistemas digitales y fabricación electrónica para aplicaciones de máxima exigencia. Gracias a ella, la corporación que empezó con una antena en un tejado trabaja hoy en algunos de los sectores más estratégicos.
Y aquí la historia adquiere un interés que va más allá de la empresa. Europa quiere recuperar autonomía estratégica, es decir, depender menos de terceros países en tecnologías críticas como los semiconductores o las comunicaciones. La experiencia de Televés demuestra que desde Santiago de Compostela es posible generar conocimiento, diseñar, industrializar y fabricar tecnología avanzada capaz de competir en todo el mundo. Y deja una idea útil para cualquier empresa industrial: sin conocimiento propio ni capacidad industrial no hay soberanía tecnológica.

Gonzalo Redondo, CEO de la compañía; y Esther Gómez, Directora General; asumieron sus cargos en 2025. Ambos analizan en la presente entrevista el crecimiento de Televés y su modelo tecnológico e industrial.
Vuestra nueva familia de distribución de televisión ha ganado el Red Dot, el German Design Award en su categoría oro, el Good Design y el European Product Design Award. ¿Qué papel juega el diseño en una empresa de ingeniería?
Gonzalo Redondo (GR): Más del que parece. Un equipo de distribución de señal suele acabar en un armario o en un cuarto técnico, y es fácil pensar que da igual cómo sea. Pero no da igual. De su diseño mecánico depende que sea fácil de instalar, que encaje bien con el resto de la instalación y cómo lo fabricamos. Al final, lo que nos representa ante el cliente es nuestro producto: el diseño es lo primero que ve. Por eso queremos que sea de primer nivel y que se note que todas nuestras líneas de negocio son de la misma casa. Hemos trabajado mucho en unas mecánicas así, pensadas además para nuestra fábrica, para ser más eficientes sin perder la calidad de siempre. Creo que eso es lo que valoró el jurado del Red Dot. Y nos hace especial ilusión porque lo ha pensado y lo fabrica nuestra propia gente. Los premios, además, nos han venido muy bien para respaldar el trabajo que estamos haciendo en identidad corporativa y marca.
Hoy competís en ámbitos muy distintos. ¿Qué hilo los une?
Esther Gómez (EG): Visto desde fuera, puede parecer que hemos ido saltando de un mercado a otro, pero para nosotros ha sido bastante natural. La tecnología ha cambiado, las redes han cambiado y nosotros hemos ido cambiando con ellas. Empezamos llevando la señal de televisión a los hogares. Hoy por esas mismas infraestructuras pasan muchísimos más datos, y lo que nos piden es otra cosa. Un hotel quiere televisión, conectividad, servicios y software; un operador, cada vez más capacidad; y un edificio, cobertura en cualquier rincón. Lo que une todo eso es lo que hemos ido aprendiendo por el camino. Procuramos no quedarnos solo en el producto, sino entender también la red, la infraestructura y el problema que hay detrás. Eso nos permite llevar lo que sabemos de un sector a otro y ofrecer soluciones cada vez más completas.
¿Y cómo decidís a qué mercado entrar sin perder el foco?
GR: Nos hacemos siempre la misma pregunta: ¿podemos aportar un producto diferencial? Si no, preferimos ser prudentes. Que haya demanda no basta. Si solo pudiéramos ofrecer lo mismo que ya hay, acabaríamos compitiendo solo en precio, y no creemos que ahí aportemos mucho. Para diferenciarnos hace falta capacidad técnica, conocer el sector y que los números salgan. Por eso solemos mirar oportunidades cercanas desde el punto de vista del conocimiento, como el transporte óptico o la cobertura móvil en interiores, donde sí creemos que podemos ofrecer algo distinto. Y luego está la parte menos vistosa: ser más productivos e invertir con cabeza. Desarrollar y fabricar en casa es siempre una apuesta, y la rentabilidad es lo que nos permite seguir haciéndolo con independencia.
Diseñar y fabricar en Galicia y competir en mercados de todo el mundo. ¿Es realmente compatible?
EG: Creemos que sí, y cada vez más, con las necesidades de soberanía tecnológica que tiene hoy la Unión Europea. Tener el diseño, la ingeniería y la fábrica a pocos metros nos da algo que en Europa quizá dimos por hecho demasiado tiempo: la capacidad de hacer. Diseñar es importante, pero saber industrializar, fabricar, probar y corregir también es conocimiento, y tenerlo cerca nos permite reaccionar muy rápido. Eso sí, fabricar en Galicia no puede ser un gesto romántico. Para competir fuera hacen falta calidad, productividad y costes competitivos. La industria necesita raíces, pero también escala. Y mantener la industria es mantener el conocimiento y la capacidad de decidir. Ese es nuestro reto: demostrar que desde Galicia se puede hacer industria avanzada y ganar fuera.