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Infraestructura crítica: el dato se consolida como un activo esencial para empresas y territorios

La última edición de [.ES]Actualidad de APD puso el foco en el dato como nueva infraestructura crítica para empresas, administraciones y operadores de servicios esenciales. Bajo el título ‘El dato, nueva infraestructura crítica’, el encuentro digital analizó cómo la calidad, disponibilidad, seguridad y capacidad para compartir información condicionan ya la gestión de activos, la anticipación de riesgos, la eficiencia de las operaciones y la toma de decisiones. Celebrado el 30 de septiembre con la colaboración de Inkolan, reunió a expertos de Tecnalia, Microsoft y e-distribución.

Mikel Madariaga, Director de Zona Norte de APD, abrió la sesión planteando un cambio de paradigma cada vez más evidente: las infraestructuras, los servicios esenciales, las industrias y las ciudades ya no dependen únicamente de sus activos físicos. Junto a ellos existe una capa de información que permite conocerlos, operarlos y hacerlos más resilientes.

Ese fue también el punto de partida de Lucía Alcibar-Arechuluaga, Directora Gerente de Inkolan y moderadora del encuentro, que situó el foco en la necesidad de compartir información sin perder el control sobre ella. El reto, como recogía el propio programa, ya no es disponer de más datos, sino construir ecosistemas fiables, interoperables y seguros, capaces de conectar a empresas, administraciones y operadores con garantías.

El dato como infraestructura crítica y activo estratégico

La transformación no afecta solo a la forma de operar los activos físicos, sino también a cómo se protege y gobierna la información. Fernando Valiño, Executive Director for Public Sector, Health and Education de Microsoft, resumió ese cambio de enfoque al señalar que “hemos pasado de tener un foco absoluto en proteger la infraestructura que contiene un dato […] a proteger el dato en sí mismo, su integridad, su disponibilidad, su trazabilidad, su interoperabilidad y su propia calidad”.

La reflexión conectó con la experiencia de Daniel Bernadó, Head of Asset and Information System de e-distribución, quien explicó que la información ha dejado de estar vinculada únicamente a la operación de la red para intervenir también en la planificación de inversiones, la identificación de fallos, el mantenimiento de los activos o la atención al cliente.

“La información, su disponibilidad, su coherencia y su calidad es fundamental para que esa toma de decisiones sea correcta”, afirmó Bernadó. En un entorno cada vez más dependiente de la información, el dato deja así de ser un complemento del activo físico para adquirir valor propio. “La información es un activo”, resumió.

Valiño llevó esa idea un paso más allá al advertir de que el desafío trasciende la dimensión puramente tecnológica. Seguridad, soberanía y gobernanza se convierten en factores decisivos para aprovechar el potencial de los datos sin comprometer su control. En este contexto, la consideración del dato como infraestructura crítica obliga a las organizaciones a preguntarse no solo dónde se almacena la información, sino también quién la utiliza, cómo se comparte y bajo qué condiciones.

Gobernanza e interoperabilidad para romper los silos

La capacidad para compartir información fue otro de los grandes ejes de la conversación. Desde Inkolan, Lucía Alcibar-Arechuluaga puso sobre la mesa la necesidad de avanzar hacia modelos en los que diferentes organizaciones puedan colaborar sin renunciar a la seguridad, trazabilidad y control de sus datos.

Se trata de un reto especialmente relevante en ámbitos como las redes de agua, gas, electricidad, telecomunicaciones o infraestructuras municipales, donde la coordinación entre operadores y administraciones puede resultar determinante para trabajar con mayor seguridad y eficiencia.

Patricia Molina, directora de Ciudad, Territorio y Medioambiente de Tecnalia, trasladó esta misma reflexión a las ciudades y territorios inteligentes. La expansión de sensores, plataformas y sistemas de monitorización ha multiplicado la cantidad de información disponible, pero el verdadero salto pasa ahora por conectar esos datos y convertirlos en conocimiento útil para la toma de decisiones.

“La resiliencia de los territorios, pero también de las industrias y de las infraestructuras, va a depender tanto de la calidad del activo físico como de la calidad de los datos sobre ese activo físico”, señaló Molina.

Esta visión refuerza una de las ideas centrales de la jornada: la calidad, la trazabilidad y la gobernanza del dato son ya condiciones imprescindibles para operar con seguridad, ganar resiliencia y anticipar los retos de utilities, industria y territorios inteligentes.

Infraestructura Crítica

La Inteligencia Artificial eleva las exigencias sobre el dato

La irrupción de la Inteligencia Artificial introduce una nueva dimensión en este escenario. Para Fernando Valiño (Microsoft), su potencial no debería limitarse a automatizar procesos existentes. “La IA no debería ser lo mismo que un RPA, que automatiza un proceso, sino que redefina un proceso”, apuntó.

Pero ese salto vuelve a colocar la calidad de la información en el centro. Bernadó advirtió de que ninguna inversión tecnológica puede compensar una base de datos inconsistente o poco fiable. Cuanto más críticas sean las decisiones que dependen de un sistema, mayor debe ser la confianza en las fuentes sobre las que se construyen sus resultados.

A ello se suma un nuevo desafío: gobernar no solo los datos, sino también los propios modelos y agentes de Inteligencia Artificial. “El gobierno de la IA es igual de importante que el gobierno del dato”, sostuvo Valiño, especialmente cuando las organizaciones quieren pasar de los proyectos piloto a una adopción real y escalable.

El reto, explicó, consiste ahora en trasladar esa capacidad tecnológica al conjunto de la organización: “Ahora el reto lo tenemos en la aplicación a escala de la inteligencia artificial para generar ese impacto real, para redefinir estos procesos y que exista un retorno realmente de esta inversión”.

La última edición de [.ES]Actualidad dejó así una conclusión transversal: considerar el dato como infraestructura crítica implica mucho más que almacenarlo. Supone garantizar su calidad, protegerlo, gobernarlo y facilitar su intercambio bajo modelos de confianza. En un entorno en el que activos físicos y digitales están cada vez más conectados, la capacidad para convertir la información en un activo fiable, interoperable y útil será determinante para reforzar la resiliencia, mejorar las operaciones y aprovechar las oportunidades que abre la Inteligencia Artificial.

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