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Evolución de la economía china: viaje al pasado para entender el presente

Hasta haberse consolidado como la segunda mayor potencia del planeta, la evolución de la economía china ha sufrido una serie de transformaciones a lo largo de la Historia desde los primeros contactos con Europa hace dos milenios hasta el vertiginoso crecimiento del último medio siglo. Un largo recorrido que sólo en las últimas décadas ha cambiado una sociedad principalmente rural en un gigante tecnológico y productivo que ya empieza a poner en jaque la hegemonía de EEUU. Desde 1980 y hasta la actualidad, China es el país con el mayor crecimiento económico del mundo con un aumento del 10% anual de promedio.

El inicio de la relación entre la economía China y Occidente

Al margen de la importancia histórica de la Ruta de la Seda -denominada Patrimonio de Humanidad por la Unesco en 2014-, los primeros contactos directos de China con Occidente no aparecieron hasta el siglo XIX. Concretamente, hasta 1866, cuando el país asiático envió a sus primeros embajadores al Viejo Continente. Una diplomacia, de algún modo, forzada por Gran Bretaña tras haberse impuesto en las Guerras del Opio. Sin embargo, aquel momento es considerado como el origen del comercio directo entre Europa y China.

En cualquier caso, las múltiples rebeliones en un país gobernado por la última estirpe de la Dinastía Qing, así como la derrota en la guerra chino-japonesa en 1895, provocaron una profunda crisis de identidad en el país que ni siquiera la extinción del imperialismo y la consecuente proclamación de la República en 1912 pudo resolver. Durante la primera mitad del siglo XX, la sociedad china vivió prácticamente aislada de los sucesos que transformaron Europa, más pendiente de las incesantes revoluciones en el interior y de la larga guerra civil -que se inició en 1927 y que se reanudó tras finalizar la ocupación japonesa en 1945- que de las dos Guerras Mundiales.

Desde 1980 China es el país con el mayor crecimiento económico del mundo con un aumento del 10% anual

Para cuando Mao ascendió al poder en 1949, la flamante República Popular China era fundamentalmente una sociedad agrícola con una tasa de alfabetización del 20%. Y, durante las siguientes tres décadas, las iniciativas del Partido Comunista Chino -como el Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural- no lograron equiparar al país con el resto del planeta. Por eso, al período transcurrido entre la muerte del líder en 1976 hasta el ascenso al poder de Deng Xiaoping un lustro más tarde se lo considera como el inicio del cambio político en China y del aperturismo definitivo al mundo.

40 años de crecimiento económico sostenido

Las profundas reformas iniciadas en 1978 incluían la descolectivización de la agricultura, la apertura de China a inversores extranjeros y la concesión de licencias para iniciar empresas privadas. Esta desnacionalización de servicios, unida al fin de la Guerra Fría y el auge del comercio internacional permitieron al país comenzar a registrar ese rápido crecimiento que Mao no había logrado obtener, a pesar de que su economía planificada había aumentado significativamente la formación de los perfiles técnicos que empezaron a sustentar al país durante los 80. La política aperturista, asimismo, disparó el mercado en el exterior, especialmente en el ámbito de las exportaciones.

Por su parte, el consumo que hasta entonces se había regulado y restringido empezó a dinamizar la economía interna del país, logrando activar un sector privado que en 2005 representaba el 70% del PIB. En este sentido, la producción china que ha poblado de artículos ‘Made in China‘ las estanterías de los centro comerciales de todo el mundo desde hace cuatro décadas, comenzó a ser accesible para la población local. Es más, la caída del bloque comunista y la escisión en nuevos Estados que abrazaron inmediatamente el capitalismo, aceleraron durante los 90 la transformación política del país, consciente de que la única manera de crear una economía fuerte era el comercio exterior y la inversión extranjera.

Con una población que en la actualidad ronda los 1.370 millones de habitantes, China se ha transformado desde 1978 en una sociedad menos dependiente de la agricultura, capaz de estar a la vanguardia en sectores clave como el financiero o el tecnológico. Una expansión económica que sólo durante los 90 tuvo ciertas barreras en el exterior, levantadas tras las sanciones de la comunidad internacional por la masacre de Tiananmén de 1989. Sin embargo, aunque en el seno del partido existía una profunda división entre los partidarios de las reformas iniciadas por Xiaoping y quienes apostaban por retornar al modelo comunista más estricto, precisamente el fin de la Guerra Fría terminó por consolidar la nueva dirección.

Con unos 1.370 millones de habitantes, China se ha transformado y es capaz de estar a la vanguardia en sectores clave como el financiero o el tecnológico

La economía seguía creciendo a un ritmo insospechado y, desde que China entró a formar parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el año 2001, “las barreras arancelarias, cuotas a la importación o sectores cerrados a la inversión han ido relajándose progresivamente”, tal y como recuerda el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) en su último informe sobre la economía del país asiático. Un crecimiento que se ha ido decelerando en los últimos años, pero que continúa siendo el mayor de las grandes potencias: en 2016, el PIB de la economía china alcanzó los 11,1 billones de dólares, lo que supone un crecimiento anual del 6,7%.

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Economía china en la actualidad y en el futuro

Sin embargo, según los datos que maneja la ONU, la renta per cápita de China no supera los 7.600 dólares anuales, una cifra que la sitúa en el puesto 83 de la lista y que evidencia la pobreza en ciertos lugares del país, especialmente en el ámbito rural. Ni siquiera la llegada en 2013 de Xi Jinping a la presidencia ha logrado acabar con las desigualdades del país: su apuesta por fortalecer el comercio interior e implementar nuevas políticas socialistas no han terminado de hacer efecto y, de hecho, han repercutido más en el comercio exterior, con una bajada del 6,7% en 2016 respecto al año anterior, según el ICEX.

De cualquier modo, China sigue siendo el mayor exportador e importador del globo y desde Pekín se apuesta por revertir la tendencia de los últimos 40 años para pasar a ser un país inversor en el extranjero: en los últimos 10 años, las arcas chinas han desembarcado en sectores como el turismo, el inmobiliario, las energías renovables o el deporte, donde se ha convertido en el principal inversor, junto a los petrodólares de las potencias de Oriente Medio, tanto adquiriendo participación en clubes como los derechos de retransmisión de los eventos.

En suma, La República Popular China mantiene su línea de producción a gran escala, su capacidad de comercio global, a las que se suma su reciente interés en invertir en el extranjero. Una relación con el exterior que podría tener como actor principal a alguien completamente insospechado hasta ahora: Gran Bretaña. A raíz del Brexit, uno de los potenciales aliados de la economía británica podría ser China, con la que se espera que fortalezca relaciones tras su salida de la Unión Europea. Por último, aunque la moneda China continúa siendo firme -a pesar de las periódicas depreciaciones llevadas a cabo por el gobierno para controlar la inflación-, el gran reto para este 2018 es acabar con la amenaza de las criptomonedas, especialmente el bitcoin: desde el Banco Popular de China ya se ha alertado de los riesgos de una moneda sin control gubernamental y no se descarta que el gran enemigo de China sean los llamados ‘mineros’ del bitcoin.

Redacción
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