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Riesgo sistemático y riesgo no sistemático: ¿Se pueden reducir o eliminar en las carteras de inversión?

La mejor opción para incrementar un patrimonio económico es invertir, pero no por ello hay que olvidar los riesgos inherentes a cualquier activo de inversión. Por lo tanto, antes de definir una estrategia financiera para conseguir beneficios es necesario analizar los riesgos y buscar las posibles opciones para minimizarlos, tanto a nivel del riesgo sistemático como del no sistemático.

¿Qué es el riesgo sistemático?

Con este nombre se conoce el riesgo que incluye todos los elementos sociales, políticos y económicos que influyen en la rentabilidad de cualquier activo financiero. Así, algunos ejemplos son una guerra o cómo repercute la intervención del banco central en una empresa. Hay que tener en cuenta que estos elementos influyen en todos los activos del mercado, por lo que resulta indispensable tenerlos presentes en todo momento.

Asimismo, es necesario tener presente que la rentabilidad de un activo es el factor que puede decidir el comportamiento de los inversores.

¿Y el riesgo no sistemático?

Así como el riesgo sistemático afecta de manera general a todos los activos en mayor o menor medida, el no sistemático se centra en los factores que influyen de alguna manera solo en la rentabilidad de las acciones de una empresa. Por lo tanto, está asociado a cualquier circunstancia que pueda causar malos resultados empresariales, desde una mala gestión a unos datos de ventas negativos.

Todos estos factores afectan al precio de los bonos y acciones, y pueden hacer que los inversores tomen una decisión concreta en función de la rentabilidad que quieren conseguir.

El riesgo es las carteras de inversión

Las carteras de inversión son los títulos de los que dispone un inversor público o privado, fruto de su actividad financiera. Para valorarla correctamente es necesario conocer cada uno de los títulos y su peso. Esto puede determinar que se abran posiciones cortas o largas en función de las expectativas de valor de la empresa y de los propios mercados.

Para determinar la rentabilidad de una cartera de valores, hay que tener en cuenta el incremento de valor respecto a la inversión inicial, la media de probabilidades de resultados y la variabilidad de la rentabilidad. De hecho, los expertos afirman que la rentabilidad esperada de una cartera de valores es el resultado de la media ponderada de las rentabilidades de cada uno de sus activos. Por lo tanto, se puede decir que su principal riesgo no es nunca global, sino que proviene de cada uno de los valores que forman la cartera.

¿Se puede reducir el riesgo en las carteras de inversión?

Reducir el riesgo de la cartera de valores que se ha creado para invertir pasa por tomar en cuenta diversas acciones. Una de las más obvias es aumentar el número de títulos que la forman, ya que de esta manera es más fácil diluir las posibles varianzas que puede sufrir cada uno de los activos en los que se invierte de manera individual. Es decir, es la manera más sencilla de eliminar el riesgo no sistemático de las inversiones.

En cuanto al riesgo sistemático, es necesario tener en cuenta que no puede eliminarse por completo, pero sí puede dejarse en su mínima expresión si se amplía el número de mercados de inversiones en los que se decide trabajar. De esta manera, se reducen las posibilidades de que haya pérdidas en cada una de las zonas donde se invierte.

El riesgo sistemático y el no sistemático son dos factores fundamentales para entender qué riesgos de rentabilidad asume un inversor y poder controlarla. Conocer los mercados y los factores que influyen en su funcionamiento y en el de cada empresa es la mejor manera de controlar las inversiones a largo plazo.

Redacción APD
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