Los informes sobre competitividad suelen interpretarse como una clasificación. Como una referencia que nos dice quién está por delante y quién debe mejorar. Sin embargo, su verdadero valor es otro: ayudarnos a identificar dónde estamos y, sobre todo, hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos.
Ese fue precisamente uno de los mensajes que compartimos recientemente en el Consejo de Competitividad organizado por APD en Santiago. El Barómetro de Competitividad 2026 ofrece un análisis riguroso de la economía gallega y confirma una realidad que conviene poner en valor: Galicia dispone hoy de una base mucho más sólida para competir que hace apenas unos años. Al mismo tiempo, identifica con claridad los ámbitos en los que podemos seguir avanzando.
La diferencia la marcan la capacidad para innovar, atraer talento, generar valor añadido, internacionalizarse y adaptarse con rapidez a los cambios
Vivimos un momento decisivo. En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, la transformación tecnológica y la transición energética, competir ya no depende únicamente de producir más o de reducir costes. La diferencia la marcan la capacidad para innovar, atraer talento, generar valor añadido, internacionalizarse y adaptarse con rapidez a los cambios.
La competitividad ha dejado de medirse exclusivamente en términos de productividad. Hoy depende también de la capacidad para anticiparse, incorporar conocimiento, generar confianza y convertir los cambios en oportunidades de crecimiento.
Galicia cuenta con una posición sólida para afrontar este escenario. Disponemos de una industria con un peso superior a la media nacional, de empresas cada vez más internacionalizadas, de un ecosistema innovador en crecimiento, de universidades y centros tecnológicos de referencia y de una clara orientación hacia la sostenibilidad. Son fortalezas construidas durante años que hoy representan una auténtica ventaja competitiva.
Y precisamente sobre esos activos debemos construir el siguiente paso. Galicia tiene la oportunidad de impulsar empresas de mayor dimensión, favorecer nuevas inversiones, acelerar la innovación y reforzar su presencia internacional. Ese es el camino para seguir generando prosperidad en un entorno global cada vez más exigente.
El propio Barómetro señala algunas prioridades muy claras: ganar dimensión empresarial, movilizar más inversión productiva, reforzar el atractivo internacional y seguir avanzando en la captación y retención del talento. Son ámbitos en los que debemos seguir progresando para consolidar la competitividad de Galicia durante la próxima década.
Quizá la primera de esas prioridades sea el crecimiento empresarial. Nuestra economía cuenta con miles de pequeñas y medianas empresas altamente competitivas y con una extraordinaria capacidad de adaptación. El siguiente paso consiste en facilitar que un mayor número de ellas pueda crecer, ganar escala, acceder a nuevos mercados e incorporar más innovación y tecnología.
Porque innovar no consiste únicamente en desarrollar nuevas tecnologías. Significa incorporar conocimiento a la empresa, mejorar procesos, transformar modelos de negocio y aumentar la productividad. Hoy la innovación ya no es solo un elemento diferenciador; es una condición imprescindible para seguir creciendo.
Lo mismo ocurre con la internacionalización. Ya no puede entenderse únicamente como una estrategia comercial. Internacionalizarse significa también atraer inversión, talento y conocimiento, formar parte de las cadenas de valor internacionales y proyectar Galicia como un territorio atractivo para desarrollar nuevos proyectos empresariales.
La colaboración es el denominador común de todo este proceso. Los territorios que mejor evolucionan son aquellos capaces de conectar empresas, universidades, centros tecnológicos, administraciones y emprendedores alrededor de una visión compartida. El progreso económico nace precisamente de esa capacidad para sumar talento, conocimiento e iniciativa.
La competitividad no es una meta que se alcanza, sino una capacidad que se construye cada día
Desde esa perspectiva, las administraciones públicas tenemos la responsabilidad de generar un entorno que facilite la inversión, impulse la innovación, reduzca barreras y acompañe a las empresas en sus procesos de crecimiento. En el Igape entendemos precisamente esa función como una política de acompañamiento, orientada a facilitar que las empresas innoven, inviertan, se internacionalicen y ganen dimensión.
El Barómetro de APD confirma que Galicia dispone de fortalezas consolidadas en ámbitos como la internacionalización, la sostenibilidad, las infraestructuras, la digitalización o el capital humano. Son los cimientos sobre los que seguir impulsando un modelo económico más innovador, más abierto al mundo y con mayor capacidad para generar valor.
La competitividad no es una meta que se alcanza, sino una capacidad que se construye cada día. Galicia reúne hoy las condiciones necesarias para aprovechar las oportunidades que ofrece un entorno en constante transformación. Una economía abierta al mundo, empresas comprometidas, talento, innovación y un ecosistema que avanza de forma conjunta son la mejor garantía para seguir creciendo, generar más valor añadido y seguir consolidando a Galicia como un territorio cada vez más competitivo, innovador y atractivo para invertir.