Canarias parte de fortalezas diferenciales, como su proyección internacional, su dinamismo empresarial y su posición como destino turístico de referencia. Sin embargo, transformar esas ventajas en más productividad, inversión y oportunidades exige actuar sobre retos estructurales como la vivienda, la movilidad, la formación, la energía o la agilidad administrativa. Manuel Valle Lopera, Presidente del Grupo Valora, analiza las palancas que deberían marcar una hoja de ruta propia para reforzar la competitividad del archipiélago desde su singularidad.
El análisis de los datos del Barómetro, efectivamente, arroja fortalezas evidentes que hay que reforzar para convertirlas en ventajas competitivas frente a otros. Si nos centramos en los retos, en primer término nos encontramos con la escasez de mano de obra formada. Sin embargo, este aspecto no podemos analizarlo de forma aislada, sino desde la perspectiva de las condiciones para acceder a puestos de trabajo, en algunos casos deslocalizados de las poblaciones de origen.
La falta de vivienda y los problemas de movilidad se presentan como condicionantes para encontrar trabajadores dispuestos a responder a la fuerte demanda. Por otro lado, se pone de manifiesto la falta de sintonía entre las necesidades de determinados perfiles y las políticas de formación en universidades y centros de FP. Esto hace que tengamos un exceso de perfiles formados trabajando en posiciones para las que no han estudiado.
En inversión productiva habría que profundizar en los datos, ya que en Canarias se invierte, y mucho, y además contamos con instrumentos de carácter fiscal que ayudan a materializar inversiones de este tipo.
Finalmente, respecto al reto de la innovación, si se refiere a innovación en IT, evidentemente no somos punteros. Sin embargo, habría que poner el foco en otro tipo de innovaciones, como las relacionadas con los procesos, donde estoy seguro de que Canarias ha mejorado mucho en los últimos años. Todo ello sin perder de vista que somos una sociedad dedicada mayoritariamente a sectores de servicios y con un tejido empresarial atomizado.
Resolver los problemas de acceso a la vivienda, la formación y la movilidad se presenta como una de las principales palancas de mejora, tanto para las empresas como para la ciudadanía.
Efectivamente, el Barómetro realiza unas conclusiones estándar para cualquier territorio, sin tener en cuenta las peculiaridades que tiene Canarias. Aspectos como la insularidad dentro de un archipiélago, que supone un territorio fragmentado, con población dispersa y a miles de kilómetros de las capitales, representan, por un lado, un problema de lejanía, pero también un atractivo como destino turístico que debemos potenciar.
Canarias debe resolver aspectos regulatorios y burocráticos que lastran la productividad. Tenemos un sector privado, o “sociedad civil”, que tiene bastante claro lo que hay que hacer y lo hace, pero lamentablemente el sector público no está a la altura en dinamismo y capacidad de resolución.
El paso necesario e imprescindible por la normativa, a través de distintos expedientes, termina convirtiéndose en un cuello de botella que lastra la productividad, eterniza los plazos de proyectos viables y con financiación, y compromete su crecimiento y consolidación.
Por último, el Barómetro debe servir inicialmente como punto de partida para establecer objetivos de mejora y analizar las desviaciones futuras.
Canarias, como destino puntero a nivel nacional e internacional, tiene mucho que decir en generación de conocimiento exportable y me atrevo a afirmar que ya lo hace. Grandes empresas canarias han exportado su modelo a diferentes partes del mundo.
Realmente, el turismo, por la importancia que tiene en la formación del PIB canario, es la base de la economía y no me atrevo a decir que sea una palanca de diversificación. Quizás en Canarias se deban explorar otros sectores relacionados con los servicios tecnológicos, aprovechando las condiciones de vida que aportan las islas y la facilidad para recibir a personas deslocalizadas gracias a la conectividad de datos.
Pero no solo deberíamos acoger a trabajadores, sino también potenciar la creación de empresas tecnológicas que fomenten la innovación enfocada al sector turístico y desarrollen tecnologías exportables. Para ello habría que crear unas condiciones fiscales que hagan atractivo el territorio.
Asimismo, Canarias tiene el reto de crear un modo propio de hacer turismo atlántico, sin copiar formas, modelos e imágenes propias del Mediterráneo, esto se ha producido por la inversión aquí de grandes cadenas con sede en el mismo. Tenemos la dimensión y la potencia empresarial necesarias para hacerlo.
En Canarias, energéticamente, estamos en una posición precaria y de extrema vulnerabilidad. Ello se debe a regulaciones que no han tenido en cuenta nuestra singularidad estructural y a que tampoco se han acometido las inversiones necesarias para resolverlo.
El agua es un bien escaso y comunal, es decir, no se puede utilizar únicamente para dar servicio a las necesidades de los sectores productivos, pues la población autóctona la necesita para cubrir sus necesidades vitales, al igual que el propio territorio. Es necesario encontrar un equilibrio en la utilización de estos recursos, especialmente porque el turismo utiliza para su atractivo elementos que pertenecen al conjunto de la población.
El desarrollo de las personas autóctonas, mediante planes educativos que conecten las necesidades de desarrollo personal con las demandas de la industria, será clave para el futuro de Canarias en el mundo.
Para ello, la llamada ‘sociedad civil’ debe tomar el mando del enfoque estratégico de futuro. Se debe establecer una hoja de ruta compartida sobre los asuntos clave, acordada entre asociaciones empresariales, profesionales e instituciones de carácter civil, teniendo en cuenta nuestra realidad, nuestra lejanía y el marco regulatorio europeo, nacional y autonómico.
Todo ello sin olvidar la importancia de contar con una Administración Pública ágil y rigurosa, que sirva de impulso y no de freno al desarrollo de Canarias.