La competitividad del futuro dependerá de nuestra capacidad para transformar el conocimiento en valor económico y social. Euskadi tiene los activos necesarios para lograrlo. Lo importante es hacerlo con rapidez, ambición y una visión compartida.
En cuanto a los factores que explican las fortalezas de Euskadi, capitaneadas por un sector tan clave como nuestra industria y su tradicional alto peso en nuestro PIB, uno de los más importantes es el Concierto Económico. La capacidad normativa de Euskadi, su plena autonomía en materia fiscal ha sido y es definitiva a la hora de preservar e impulsar nuestro tejido industrial. Ya se demostró en los años 80. Ahora toca volver a apoyarse en él para sortear los nuevos retos que se nos avecinan. La colaboración público-privada es también una de nuestras grandes ‘palancas’ de progreso.
Y en cuanto a los ‘riesgos’ para nuestra competitividad hay muchos en el horizonte. Pero si apelamos a aquéllos cuya solución está más ‘en nuestras manos’, y que las empresas vascas nos cuentan como prioritarios, destacaría la falta de personas, el absentismo y la conflictividad laboral de la que hacen gala algunos sindicatos.
Primero, un entorno institucional amable. Y eso creo que se da. En segundo lugar, una fiscalidad más dedicada a promover la inversión y la actividad empresarial. Como decía antes, debemos utilizar el Concierto Económico de una manera más decidida para atraer inversiones de alto valor y de talento cualificado.
Y, de la misma manera, debemos ser capaces de construir una imagen social más alineada con la aportación real de la empresa vasca al conjunto de nuestra sociedad y de nuestro bienestar colectivo. En muchas ocasiones, la imagen que se difunde de nuestro tejido empresarial y de los logros reales de nuestro estado del bienestar son negativas. Saber ‘vendernos’ en el exterior como el país desarrollado que somos, puntero en Europa en muchos logros sociales – consecuencia en gran medida de la aportación que hacen las empresas-, se antoja como algo imprescindible para atraer talento y proyectos.
Nuestro planteamiento de ‘mano tendida’ es claro y público desde hace ya mucho tiempo. Y, de hecho, participamos, entre otros foros, en la Mesa de Diálogo Social con Gobierno y sindicatos para, precisamente, tratar de abordar todas estas cuestiones. El problema es que hay quien se autoexcluye y hace gala del ‘conflicto como el único camino’ (Borroka da, bide bakarra). Nosotros, desde luego, creemos en el diálogo como la única vía para avanzar sin exclusiones. Y también en reconocer la realidad del que se sienta al otro de la mesa.
En el tema del absentismo, por ejemplo, estamos insistiendo en la necesidad de pasar de ‘culpabilizar al otro’ a buscar ‘complicidades entre todos’ para construir acuerdos. En este tema, pedimos ‘corresponsabilidad’. Primero, a nosotros mismos, las empresas. Y ya estamos actuando. Nuestras organizaciones territoriales – Adegi, Cebek y SEA- han puesto en marcha iniciativas, seminarios, observatorios, directrices…que están teniendo una muy buena acogida. Pero asimismo, también es necesario vincular a las personas y a las instituciones. Si queremos soluciones, debemos implicarnos todos y empezar por construir esas ‘complicidades’.
En primer lugar, necesitamos acelerar la adopción de estas tecnologías en nuestras empresas, especialmente en las pymes, que constituyen la inmensa mayoría del tejido empresarial vasco. La tecnología solo genera valor cuando llega al conjunto de las empresas y se integra en sus procesos. Ya existen programas institucionales que están ayudando en esa labor. Todo lo que vaya en ese sentido, bienvenido sea.
En segundo lugar, debemos invertir mucho más en talento. La transformación digital no depende solo de la tecnología, sino de las personas que saben utilizarla. Necesitamos reforzar la formación, atraer perfiles cualificados y facilitar el reciclaje profesional de quienes ya están trabajando.
También es fundamental contar con un entorno regulatorio que impulse la innovación y no la frene. Y no sólo en Euskadi. Europa debe encontrar un equilibrio entre garantizar un uso responsable de la Inteligencia Artificial y permitir que nuestras empresas innoven y compitan en igualdad de condiciones con otras economías.
Y, por último, debemos reforzar la colaboración entre empresas, universidades, centros tecnológicos e instituciones. Euskadi tiene un ecosistema de innovación muy sólido; ahora el reto es convertir ese conocimiento en más proyectos empresariales, más inversión, más productividad y más empleo de calidad.