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Opinión

ESG y desempeño financiero: un pequeño paso de las empresas para ayudar a dar un gran salto a la sociedad

Si durante los 80 hablábamos de calidad, en los 90 de globalización y a principios de siglo XXI de sostenibilidad, hoy en día el principal tema de preocupación es ESG, el acrónimo inglés de “Environmental, Social and Governance” que se utiliza para evaluar y medir las buenas prácticas Ambientales, Sociales y de Gobierno de las empresas.

ESG y su importancia

Uno de los motivos por los cuales estamos escuchando tanto el concepto ESG es porque se ha demostrado, a través de más de 2.200 estudios, que tiene una fuerte relación directa con el desempeño financiero de la empresa, su CFP (Corporate Financial Performance). Estos informes han demostrado que las empresas con buenas métricas financieras de ESG generan, en más de un 90%, mejores resultados para sus accionistas, clientes, empleados y stakeholders que sus homólogos. Digamos que es una razón muy convincente para adoptar el concepto.

Otro de los motivos de la creciente relevancia es que los inversores están cada vez más interesados. Si pensamos en cómo ESG ha servido como base para el desarrollo de productos de inversión o inyecciones en activos, vemos un salto importante desde 2016. En concreto, entre 2016 y 2018 hemos visto un crecimiento de alrededor del 33% en activos que se han dedicado a productos enfocados a ESG y sostenibilidad. En 2019, esta tendencia se ha multiplicado por cuatro, y en 2020 hemos sido testigos de otro salto nunca visto antes en los activos dirigidos a este tipo de estrategias ESG claramente acelerados por la crisis de la COVID-19.

Las empresas con buenas métricas financieras de ESG generan mejores resultados que sus homólogos

También estamos escuchando hablar de ESG desde el enfoque de los reguladores. En Europa, los estamentos reguladores están empujando a los inversores a incluir estos conceptos en sus estrategias. Muchos de ellos están incorporando en sus políticas de inversión temas como el cambio climático o el calentamiento global, influyendo en las carteras de las empresas en las que invierten. Uno de ellos es el Pacto Verde Europeo (PVE), que es la agenda de la UE para conseguir que en el 2050 Europa sea un continente neutro en emisiones de dióxido de carbono.

Métricas No financieras

Pero existen otras razones “no financieras” para abrazar el concepto ESG. Los problemas ambientales, sociales y de gobernanza representan riesgos y, a la vez, oportunidades que normalmente no se capturan a través de las métricas financieras tradicionales. Temas como el cambio climático, la seguridad en el lugar de trabajo, la recuperación ante desastres naturales o la necesidad de tener una mayor diversidad en la fuerza de trabajo, incorporan Métricas No Financieras para su evaluación (los conocidos EINF-Estados de Informes No Financieros).

Estos datos son muy relevantes porque difícilmente encontraremos un inversor, un banco o una aseguradora que tenga apetito en respaldar una empresa sin buenas prácticas o métricas ESG no financieras. Por ello, prácticamente la mayoría de compañías tienen contemplado en su informe anual sus cumplimientos y compromisos respecto a unas ESG guidelines globales. En julio de 2020, el 90% de las empresas del S&P 500 ya habían publicado sus informes anuales de sostenibilidad corporativa ESG. Por ejemplo, en el último 2020 Anual Report de Aon, Greg Case -CEO de la compañía- declara en la página de ‘Our Commitment’ su compromiso en implementar las mejores prácticas ESG.

Difícilmente encontraremos un inversor, un banco o una aseguradora que tenga apetito en respaldar una empresa sin buenas prácticas o métricas ESG no financieras

Hemos visto cómo en los últimos 5 o 10 años las empresas que no han hecho un buen trabajo no financiero en materia de ESG se han visto penalizadas en el valor de sus acciones. Pensemos en el escándalo de los gases de emisión de los vehículos Diésel que acabó penalizando la confianza de los clientes.

El impacto de tener en cuenta un enfoque ESG

El tema clave de ESG es que está impulsado por la materialidad, entendiendo por materialidad aquellos factores -Ambientales, Sociales y de Gobierno- que tienen el potencial material de afectar financieramente a una empresa. La manera en que esos diferentes factores interactúan en una empresa pueden variar sustancialmente de una a otra o de un sector a otro. Si pensamos en el impacto que puede tener el tema ambiental en un banco, como puede ser el tema de la huella de carbono, vemos que, en un primer momento, puede tener poca relevancia. Sin embargo, si el banco tiene en cuenta su enfoque ESG a la hora de diseñar productos de inversión que ayuden a empresas de su cartera a que cumplan métricas medioambientales respecto a la huella de carbono, este puede llegar a ser muy relevante.

El número de factores que pueden influir es muy variado y cualquiera puede tener un impacto severo en el performance de la compañía. En España, por ley, ya es obligatorio tener planes de Igualdad. No tenerlos puede suponer un impacto negativo para la empresa, incluso a nivel de imagen y reputación.

¿Quiénes han sido los principales catalizadores?

La COVID-19 ha sido el gran catalizador durante 2020 de ESG. Donde antes la seguridad en los puestos de trabajo era más para perfiles de empresas del mundo de la industria o la construcción, hoy en día la salud de los empleados ha elevado el pilar social y ha hecho mejorar las prácticas de seguridad en los puestos de trabajo de cualquier empresa.

Con la crisis económica, temas de justicia social y económica también se están haciendo cada vez más visibles. En EEUU los temas raciales y de igualdad se han visto acelerados por el caso George Floyd. La Diversidad, Equidad e Inclusión, que es un claro componente “no financiero”, es un pilar social crítico que ha disparado el nivel de inclusión en las empresas comprometidas con ESG.

En Europa, los estamentos reguladores están empujando a los inversores a incluir estos conceptos ESG en sus estrategias

Otro de los grandes catalizadores han sido los Reguladores e Instituciones Mundiales. La Unión Europea, las Naciones Unidas, el Foro Económico Mundial, el International Business Council (IBI), la Sustainability Accounting Standards Borad (SASB) y el Climate Disclosure Standards Board (CDSB), han estado muy activos a la hora de concienciar, regular, clasificar y generar iniciativas climáticas y sociales de relevante calado, especialmente en estos dos últimos años. Un ejemplo es el IBC Summer Meeting 2020, nacido con el compromiso de crear un capitalismo más inclusivo con métricas en base a las cuatro “P” que saldrán beneficiadas de las buenas prácticas ESG por parte de las empresas: Personas, Planeta, Prosperidad y Principios de Buen Gobierno

La figura del nuevo Chief ESG Officer

Para abordar toda la labor titánica que representa identificar, implementar y seguir los criterios ESG, emerge una nueva figura: el Chief ESG Officer. Su role en las empresas va a ser crucial durante, como mínimo, los próximos 10 años. Una labor mesiánica a la hora de impulsar esa concienciación -a todos los niveles- sobre los grandes beneficios de tener una buena praxis ESG. Además, deberá cimentar unos buenos indicadores financieros y no financieros de riesgos ESG, sabiendo comunicar y publicar esas métricas en base a la misión y compromiso de la empresa con ESG. La transversalidad y comunicación interna van a ser clave para su éxito. Sin duda, su papel ayudará a generar nuevas sinergias y best practices en las empresas.

‘Lo clave’ para la empresa

No hay duda. Todas las empresas quieren verse hoy en día categorizadas como ‘empresas con buenas métricas ESG’. La puesta en marcha de dichas métricas implica una mejora continua de las mismas, donde tan importante es el corto plazo -qué métricas y riesgos ESG identificamos como urgentes-, como la visión a largo -cuáles son los prioritarios-. Con ello, conseguiremos tener una alineación en el tiempo con la misión y los valores EGS de la organización.

La clave en implementar una buena praxis ESG es tratar de hacer aquellas cosas que realmente tienen un impacto para la empresa. En especial, en términos de reducir la posibilidad de riesgo de pérdida o de crear algún tipo de oportunidad que le permita ser más rentable en el futuro. Se trata de filtrar qué va a ser clave para la empresa. Todo lo demás tiene un barniz cosmético.

 

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