La UE cuenta con una infraestructura científica de primer nivel, programas públicos de investigación y desarrollo de excelencia, y una larga tradición industrial. Sin embargo, seguimos sin generar gigantes tecnológicos. Mientras Estados Unidos ha consolidado las últimas décadas empresas como Google, Amazon o Nvidia, y China ha impulsado organizaciones como Alibaba o Tencent, los europeos continuamos teniendo dificultades para transformar startups innovadoras en grandes plataformas globales.
El problema no reside en una falta de capacidad tecnológica. El verdadero obstáculo está en dos condiciones estructurales que frenan el escalado de las empresas europeas: la fragmentación y el acceso a la financiación.
En el primer caso, la Unión Europea es un mosaico de regulaciones nacionales, sistemas fiscales distintos, marcos administrativos heterogéneos, y barreras culturales y lingüísticas que dificultan el crecimiento cuando las empresas tratan de traspasar las fronteras de los 27 estados miembros. A esta fragmentación se suma otro gran problema: la financiación. El Informe Draghi es claro al respecto. Los hogares europeos ahorran grandes cantidades de dinero en comparación con otras regiones, pero una gran parte de esos recursos permanece inmovilizada en depósitos bancarios o inversiones de bajo riesgo. Según el Real Instituto Elcano, el sector inmobiliario recibe el 70% del total del ahorro europeo.
El problema no reside en una falta de capacidad tecnológica. El verdadero obstáculo está en dos condiciones estructurales que frenan el escalado de las empresas europeas
Esta falta de escalado es especialmente dolorosa en el sector tecnológico, donde predominan las economías de escala y los efectos de red. Cuantos más usuarios alcanza una plataforma, menor es su coste marginal y mayor es el valor generado para cada nuevo usuario. El resultado es una fuerte concentración empresarial y barreras de entrada cada vez más difíciles de superar.
Estados Unidos y China han sabido aprovechar estas dinámicas gracias a la existencia de grandes mercados domésticos relativamente homogéneos, y un mayor acceso a mercados de capitales más proclives a la inversión en proyectos innovadores. Como afirmó Joanna Drake, Directora General Adjunta de la Comisión Europea, en marzo de este año: “actualmente solo el 8% de las startups a nivel global se encuentran en Europa, y aproximadamente solo el 5% del capital riesgo mundial se levanta en Europa”.
Pero no todo está perdido. La toma de conciencia europea aspira a traducirse en reformas concretas que ya están en marcha. Dentro de la estrategia EU Startup and ScaleUp Strategy, uno de los movimientos más relevantes ha sido la propuesta en marzo de este año del denominado Régimen 28, que se enfoca en eliminar estas barreras al crecimiento. La propuesta incorpora, además, una nueva forma jurídica, la EU Inc., que permitirá constituir una nueva empresa de forma completamente digital en apenas 48 horas y operar bajo un marco común en los 27 estados miembros. Otro de sus objetivos es reducir drásticamente la complejidad administrativa asociada a la captación de fondos: simplificar y digitalizar procesos en rondas de financiación, facilitar transferencias de acciones, homogeneizar estándares, y hacer más ágil y sencilla la entrada de capital riesgo internacional.
Dentro de la estrategia EU Startup and ScaleUp Strategy, uno de los movimientos más relevantes ha sido la propuesta en marzo de este año del denominado Régimen 28, que se enfoca en eliminar estas barreras al crecimiento
Pero más allá del Régimen 28, otro de los grandes vectores de impulso de la innovación en Europa durante los próximos años será el Marco Financiero Plurianual 2028-2034, cuyo presupuesto podría superar los 2 billones de euros. Tras la finalización de los fondos Next Generation EU, es previsible que la capacidad efectiva de los presupuestos nacionales de los Estados miembros se reduzca, al menos parcialmente. En consecuencia, la financiación pública europea adquirirá un papel aún más relevante como palanca para impulsar la innovación y la competitividad.
El diseño del nuevo programa marco apunta hacia una gran simplificación, reduciendo los 52 programas actuales hasta 16, y sustituyendo 500 programas operativos regionales por 27 planes nacionales. En este contexto, el futuro Fondo Europeo de Competitividad (European Competitiveness Fund – ECF) se perfila como una pieza decisiva. Su diseño final, especialmente la búsqueda de equilibrio entre apoyo a la ciencia y la industria, condicionará en gran medida la capacidad europea para transformar conocimiento en liderazgo tecnológico.
Tanto el borrador del próximo Marco Financiero Plurianual como la regulación correspondiente al Régimen 28 ya han sido publicados por parte de la Comisión en los últimos meses, y nos encontramos actualmente en ambos casos en negociación entre la Comisión, el Parlamento y el Consejo.
Estas dos iniciativas clave se suman a otra regulación europea a espera de publicación: la Innovation Act, que espera simplificar aún más la carga administrativa, facilitar el acceso a fondos, y facilitar la atracción de talento, entre otros.
Europa llega tarde a muchas de las oportunidades tecnológicas del siglo XXI. Pero todavía está a tiempo de construir posiciones sólidas en ámbitos de relevancia como la IA, la computación avanzada o la ciberseguridad. La capacidad para desarrollar y escalar tecnologías propias determinará buena parte de la autonomía estratégica europea durante las próximas décadas. Estaremos pendientes.