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¿Cómo funciona un marketplace financiero? Así es la sucursal del futuro

En pleno proceso de modernización del mercado de la banca e inversión, el marketplace financiero parece erigirse como uno de los productos con mayor futuro en España. Especialmente porque algunas de las grandes entidades de nuestro país son auténticas pioneras, pero también porque los hábitos y necesidades del consumidor continúan transformándose a gran velocidad.

Un dato que nos da una idea de la importancia que puede llegar a tener en el contexto actual es que, según los datos del Banco Mundial, alrededor de 2.000 millones de personas (casi un tercio de la población mundial) no tienen acceso a servicios financieros básicos en sociedades como la española, tales como créditos, hipotecas o una simple cuenta de ahorro.

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Paralelamente, la mayoría de la población sí tiene acceso a un smartphone o a Internet. Una tendencia de consumo global que permite a las entidades financieras renovarse simplemente adaptando el formato a los tiempos actuales. Pero, ¿cómo exactamente?

¿Qué es un marketplace financiero y cómo funciona?

Al igual que ha sucedido desde principios de siglo con Amazon o Netflix en el comercio electrónico o el ‘streaming’, las entidades financieras llevan tiempo buscando fórmulas novedosas para enganchar a un público cada vez más digital. Por eso, especialmente tras la crisis económica de 2008, la mayoría exploró modelos con los que aglutinar servicios, de forma mucho más sencilla y accesible. De aquel nuevo paradigma nacieron los neobancos, un nuevo concepto que aglutinaba por primera vez productos financieros tradicionales en una sola plataforma digital.

Paralelamente a la contratación electrónica, las entidades financieras comenzaron a interesarse por otros productos centrados en el ‘data’ y la inteligencia artificial. Marcarse objetivos de ahorro u obtener informes detallados sobre los niveles de gasto popularizaron rápidamente las ‘fintech’ hace apenas un lustro.

En este sentido, el marketplace financiero supone la culminación de ese proceso de digitalización y explotación del dato; un espacio centralizado en el que el usuario puede contratar productos de diferentes entidades financieras de manera personalizada. Es decir, atendiendo a sus intereses y necesidades gracias a los datos que proporciona regularmente: si busca productos crediticios, si tiene una hipoteca o si necesita un seguro. Un todo en uno.

La sucursal del futuro

No es de extrañar que el marketplace financiero, por su condición de solución integral, se vea actualmente como la sucursal del futuro: casi todos los trámites que antes se podían (y, muchas veces, era obligatorio) realizar de manera presencial, ahora es posible hacerlo desde el ordenador o con una simple app. Parte de este trasvase de servicios tiene que ver con la evolución de tecnologías convergentes como el ‘legal tech’, que permite desde la firma electrónica de documentos hasta el registro notarial de los mismos. Algo realmente útil para abrirte una cuenta bancaria o solicitar un crédito online.

Quizás por eso, en previsión de este traslado masivo de sucursales físicas a digitales, la banca española ha empezado a interesarse por las infraestructuras necesarias. Por ejemplo, en 2021 se ha creado el Centro de Cooperación Interbancaria (CCI), con el objetivo de reforzar la ciberseguridad del sector ante las amenazas incipientes, y al que ya pertenecen más de un centenar de entidades, incluidas BBVA, Santander o Caixabank. Su objetivo es establecer un marketplace interno para que las propias entidades y sus proveedores compartan información sobre ciberseguridad para crear un sistema incorruptible.

El fenómeno ‘cripto’ también tiene mucho que decir sobre el futuro de las entidades financieras: a día de hoy, el blockchain se erige como el sistema más seguro que existe para evitar la fuga de datos o los ciberataques. Y lo mejor: es fácilmente escalable. Sin embargo, el principal escollo es que aún no existe un marco estructural capaz de amparar el desarrollo completo de marketplaces con este tipo de tecnologías. De hecho, para que la sucursal del futuro sea una realidad aún falta subir algunos peldaños, especialmente en:

  • Regulación

La falta de una regulación específica suele ser la principal causa de la ralentización de cualquier innovación que tenga que ver con la tecnología. Un problema que se puede apreciar, por ejemplo, con el bitcoin, pero que también afecta a otros conceptos disruptivos como el del marketplace financiero: en el fondo, es un espacio que permite la oferta de múltiples productos de distintas entidades financieras desde un mismo espacio. Y son muchas sus implicaciones legales sobre datos personales, transparencia sobre los productos o la misma firma de documentos.

  • Usabilidad

Otro escollo importante del marketplace financiero es la usabilidad: a día de hoy, la mayoría de las entidades desarrollan aplicaciones que aún no son capaces de enganchar del todo con el usuario como lo hacen otros servicios integrales similares en sectores como, por ejemplo, el streaming.

  • Modelo de negocio

En este sentido, quizás el mayor problema de base del marketplace financiero a día de hoy es encontrar un modelo de negocio viable. O, dicho de otro modo, de rentabilizar su producto. A priori, este tipo de plataformas tienen dos formas de monetizar: cobrando al usuario por contratar desde ellas o cobrar a la entidad financiera por comercializar sus productos. Dos modelos que no suelen encajar con los perfiles del usuario o el banco actuales.

  • Tecnología

Por último, la integración de la tecnología necesaria para desarrollar el marketplace financiero representa un problema creciente para las entidades, especialmente porque normalmente se utiliza a diferentes proveedores para cada área.

Marketplace financiero, las sucursales del futuro

En definitiva, no cabe duda de que el marketplace financiero parece ser la evolución natural de la sucursal física, desarrollando productos, servicios y funcionalidades cada vez más adaptadas al usuario y con un modelo que apuesta cada vez más por la explotación del dato. De igual modo, parece evidente que este proceso de transformación digital integral aún podría llevar años a las entidades financieras.

Además, la falta de un marco regulatorio, las lagunas de usabilidad que se van cubriendo paulatinamente y la ausencia de un modelo de negocio claro en términos de rentabilidad impiden que, a día de hoy, apenas existan plataformas de este tipo, o que se encuentren en estadios de desarrollo muy tempranos.

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