Una de las ideas que más claramente quedó sobre la mesa en el Consejo de Competitividad de APD Murcia es que la competitividad de un territorio no se explica únicamente por sus indicadores. También se explica por su cultura empresarial, por la manera en la que sus empresas entienden el mercado y por la ambición con la que afrontan sus límites. Y en Murcia existe una forma muy reconocible de competir.
Quien ha trabajado con empresas murcianas, en sectores muy distintos, suele identificar rasgos comunes: orientación comercial, rapidez para detectar oportunidades, cercanía al cliente, pragmatismo, capacidad de adaptación y una vocación exterior que forma parte de nuestra cultura empresarial.
Ese carácter emprendedor y exportador es uno de nuestros grandes activos intangibles
Diría incluso que Murcia ha construido una marca empresarial fuera de la Región más potente de lo que muchas veces somos capaces de proyectar como territorio. No es una marca creada desde el marketing institucional. La han construido durante décadas empresarios y empresas abriendo mercados, viajando, negociando, cumpliendo compromisos y generando confianza. Allí donde una actividad económica ha alcanzado cierta dimensión en Murcia, es frecuente encontrar compañías con presencia internacional y empresarios que entienden el mundo como su mercado natural.
Ese carácter emprendedor y exportador es uno de nuestros grandes activos intangibles. El desafío es conseguir que esa capacidad dé lugar a más empresas de mayor dimensión.
Murcia sabe crear empresas, hacerlas crecer y llevarlas fuera. El siguiente salto consiste en generar más compañías capaces de ganar escala, invertir más, profesionalizar sus estructuras, atraer capital y talento, innovar con mayor intensidad y construir una presencia internacional más profunda y permanente.
La dimensión no es una cuestión de prestigio empresarial. Es capacidad de inversión, de innovación y, en definitiva, de competir.
También debemos ser exigentes con aquello que limita esa capacidad. Y aquí las infraestructuras merecen una reflexión especialmente clara. Para una economía abierta y exportadora como la murciana, una conexión ferroviaria, una infraestructura logística, la disponibilidad energética o una buena conectividad no son asuntos secundarios ni simples reivindicaciones territoriales: son factores directos de competitividad.
Los empresarios murcianos hemos aprendido a competir con limitaciones. Eso habla bien de nuestra capacidad de adaptación, pero no puede convertirse en una coartada para aceptar desventajas estructurales
Cada ineficiencia logística tiene un coste. Cada retraso en una infraestructura estratégica termina trasladándose a las empresas. Y cuando una compañía murciana compite con otra ubicada en un territorio mejor conectado, esa diferencia acaba apareciendo en el precio, en el servicio, en el margen o en los tres a la vez.
Los empresarios murcianos hemos aprendido a competir con limitaciones. Eso habla bien de nuestra capacidad de adaptación, pero no puede convertirse en una coartada para aceptar desventajas estructurales. La resiliencia es una fortaleza; convertirla en resignación sería un error.
Algo similar sucede con el talento, la productividad y la innovación. Nuestro tejido empresarial ha demostrado una extraordinaria capacidad para resolver problemas y para innovar bajo presión. En sectores como el agroalimentario, lo conocemos bien: gestionar recursos escasos, producir con mayor eficiencia, responder a clientes globales, incorporar tecnología y adaptarse continuamente forma parte de la actividad diaria.
Pero el futuro exigirá más. Necesitamos atraer y desarrollar más talento cualificado, estrechar la relación entre empresa, universidad y formación profesional, incrementar la innovación aplicada y construir organizaciones capaces de incorporar tecnología -incluida la inteligencia artificial- con velocidad y sentido empresarial.
Murcia no necesita parecerse a otros territorios para ser competitiva. Necesita llevar más lejos aquello que ya sabe hacer especialmente bien y corregir con determinación aquello que frena su desarrollo.
Murcia no necesita parecerse a otros territorios para ser competitiva. Necesita llevar más lejos aquello que ya sabe hacer especialmente bien y corregir con determinación aquello que frena su desarrollo
Tenemos cultura empresarial, vocación exterior, capacidad de sacrificio y una enorme orientación al mercado. Tenemos empresarios acostumbrados a tomar decisiones, asumir riesgos y buscar oportunidades más allá de su entorno inmediato.
El reto de la próxima década es convertir esas cualidades en más productividad, más innovación, mayor dimensión empresarial y una presencia internacional todavía más sólida.
Durante muchos años hemos demostrado que sabemos competir incluso cuando las condiciones no son las mejores. La verdadera ambición ahora debería ser comprobar hasta dónde puede llegar Murcia cuando toda esa capacidad empresarial dispone también de las condiciones necesarias para desarrollar su potencial.