Las Islas Baleares son, sin duda, un modelo de éxito económico en el desarrollo ejemplar de la industria turística en los últimos decenios (desde 1960 hasta la actualidad). Este éxito ha permitido la creación de grandes empresas hoteleras, de agencias de viajes, de aviación… que han extendido su know-how por todo el mundo y que son una referencia en el sector vacacional internacional.
No obstante, esta misma ultradependencia del turismo está generando actualmente otro tipo de problemas en la sociedad balear: masificación turística, falta de vivienda para residentes y también para trabajadores, explosión demográfica, congestión del tráfico y de los servicios públicos, etc.
Urge la necesidad de buscar una transformación de la estructura económica que no dependa tanto del turismo para no morir de éxito.
Durante el COVID el PIB turístico de Baleares descendió un 80%. Esto evidenció la debilidad estructural de la economía de las Islas. Transformar dicha estructura económica significa buscar otras actividades que complementen nuestra ultradependencia del turismo. El problema es que un archipiélago tiene evidentes dificultades para el desarrollo de la industria, por lo que buscar alternativas a la inercia del turismo como “gran salvador de la economía”, se hace difícil si no somos creativos.
El REIB (Régimen Especial de les Illes Balears) es un conjunto de medidas económicas y fiscales creado para compensar los costes y desventajas de vivir y trabajar en las islas por “culpa” de la insularidad. Está vigente y tiene la clave para poder desarrollar actividades económicas que, si bien no sustituyan, sí mejoren la competitividad de nuestras islas con alternativas al turismo. Solo tiene un problema, y es que está limitado por la regla de «minimis» europea.
Durante el COVID el PIB turístico de Baleares descendió un 80%, algo que evidenció con claridad la debilidad estructural de la economía de las Islas
La clave que esconde el REIB es el instrumento de la reserva para inversiones, parecido al RIC canario. Es decir, las empresas pueden destinar hasta el 90% del importe del Impuesto de Sociedades a este fondo en lugar de pagar directamente dicho impuesto a las arcas de la Hacienda Pública Central. Se favorece la reinversión, pero tiene el problema del límite de «minimis» de hasta 350.000 € en 3 años. Es decir, con este sistema, el efecto transformador de la economía en Baleares utilizando los millones de euros que proporciona el turismo, es prácticamente nulo.
Ahora bien, considerando todo lo anterior y con el ánimo de fomentar el desarrollo de actividades económicas factibles a corto y medio plazo que complementen la actividad económica del turismo y que sirvan como motor transformador de la estructura económica y social de las Islas y que mantengan su competitividad y la mejoren, existe la oportunidad de negociar la eliminación de la regla de minimis, justificando la necesidad de inversión o reinversión en sectores como tecnología, sector primario y economía azul.
De tal manera que, si identificamos determinados CNAE (industria tecnológica, industria del mar e industria primaria… dejando en consecuencia excluidas todas las actividades turísticas) que son factibles en un archipiélago como la futura “industria” alternativa de ese mismo archipiélago y lo potenciamos con los beneficios que da el turismo (sin subvenciones desde un despacho de la Administración Pública), aprovechando el deseo de inversión de un amplio sector de empresas turísticas que estaría encantado de apoyar en su territorio empresas tecnológicas, startups de la economía del mar, de la economía del conocimiento o del sector primario que otorga autonomía, habremos dado un paso de gigante.
Si identificamos determinados CNAE que son factibles en un archipiélago y lo potenciamos con los beneficios que da el turismo, habremos dado un paso de gigante
El instrumento existe y está vigente. Solo habría que proponer a Europa durante XX años (6, 7 u 8 años) eliminar la regla de minimis para determinados CNAE y, como si de un laboratorio se tratara, explorar la reconversión o transformación de la estructura económica ultradependiente y vinculada a un solo sector (turismo), en un ámbito geográfico singular como es el de las Islas Baleares.
Yo estoy convencido de que si esa posibilidad existiera, interactuando con el conocimiento, las universidades, la fuerza empresarial y las jóvenes promesas de trabajadores y emprendedores, se produciría un movimiento cinético de ideas con el combustible de los beneficios del sector turístico. Solo esto bastaría para poner sobre la mesa una medida factible y concreta de resultados a corto y medio plazo y sin necesidad de subvenciones o de planes de la Administración Pública que muchas veces solo dan resultado sobre el papel y no sobre la sociedad.