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¿Cuándo conviene un organigrama vertical en una empresa?

El organigrama vertical es la guía gráfica para conocer cuál es la organización departamental y las jerarquías de una organización. Los organigramas de las empresas pueden ser horizontales, verticales o mixtos.

En este caso, se hablará del organigrama vertical como método organizativo y de los casos en los que es recomendable. La mayoría de las ‘schools business’ recomiendan que haya organigramas verticales, pero sí es cierto que en empresas donde se prioriza la creatividad se da más importancia a la cooperación. Por lo tanto, saber cuándo conviene implementar los organigramas verticales se convierte en una cuestión de pura eficiencia.

¿Qué es un organigrama vertical?

Los organigramas verticales son representaciones gráficas en las que se muestra claramente la jerarquía de una empresa, desde los niveles superiores a los inferiores. También se refiere al estilo de dirección que enfatiza la división jerárquica de las funciones por encima de la cooperación entre departamentos. En este caso, se dará más importancia al modelo organizativo de las empresas u organizaciones.

El organigrama vertical es una herramienta interesante y una filosofía de dirección empresarial que permite aumentar la eficiencia

Hay que tener en cuenta que esta va a ser la guía para que los trabajadores, directivos e inversores conozcan cuál es el funcionamiento de su organización. No ha de extrañar, pues, que se le dé tanta importancia a esta representación gráfica y que sea uno de los primeros aspectos a considerar en las empresas. Se indican, a continuación, las distintas empresas en las que este tipo de organización es fundamental:

¿Cuándo es apropiado un organigrama vertical en una empresa?

Cuándo conviene un organigrama vertical en una empresaEn España hay registradas un total de 2.868.886 empresas, la mayor parte de ellas unipersonales, pequeñas o medianas; hay menos de 5000 empresas. En cualquier caso, todas las compañías que cuenten con empleados necesitan una organización funcional para cumplir de forma eficiente con el cometido. Si no hay una delimitación clara de las funciones de cada departamento y de las jerarquías, cualquier empresa u organización tendrá problemas a medio plazo.

El organigrama vertical es el más recomendado por los especialistas en formación empresarial por la facilidad de comprensión que ofrece a quien lo observa.

Las órdenes se transmiten fácilmente porque está clara la jerarquía desde el primer eslabón al último de la compañía, así como las responsabilidades. En cualquier caso, también se refiere a un estilo de dirección jerarquizado que es el conveniente en determinado tipo de compañías:

1. Empresas grandes

En las empresas grandes la confusión de roles es el primer paso hacia la ineficiencia y, a poco que siga esta situación, habrá problemas importantes.

Si se quiere evitar este tipo de situaciones, es imprescindible que el organigrama sea vertical para la asunción de funciones de los principales departamentos. De esta forma, es posible implementar sistemas periódicos de rendición de cuentas para monitorizar el progreso de las operaciones y mejorar sobre la marcha.

Es importante indicar que en una empresa vertical sería posible introducir elementos de horizontalidad para aprovechar sinergias, y esto es común en las grandes empresas. Ahora bien, cuando se decide trabajar de forma horizontal, hay que limitar muy bien el ámbito de las actuaciones. La cooperación es posible, pero siempre y cuando no sea sinónimo de dispersión.

2. Cuando es necesario focalizar las acciones en departamentos, secciones, áreas o grupo de trabajo

En el caso de que haya que focalizar la acción de la empresa en un departamento, sección, área grupo de trabajo, los organigramas verticales aportan certidumbre. Tener la información de cómo funciona cada sección es fundamental por varias razones. Por ejemplo, para aumentar la productividad del grupo, tomar decisiones de cambio de gestores o comprobar si hay algo que no funciona bien.

Una posibilidad sería la de un organigrama mixto, en el que hubiese elementos verticales y horizontales a la vez. Por ejemplo, en empresas de ventas es posible que haya supervisores y jefes de equipo que, a su vez, dirijan grupos de vendedores. Por lo tanto, se hace necesario definir bien cuál es la jerarquía y el mecanismo de toma de decisiones.

3. Cuando el modelo de negocio se basa en resultados a corto o medio plazo

Hay negocios que, por su propia estructura, solo son viables si los resultados son a corto o medio plazo, como es el caso del sector comercial o de la distribución. En este caso, conocer cuál es la cadena de mando es condición ‘sine qua non’ para conseguir el éxito si las ventas son rápidas. Las empresas que no definen bien este campo suelen tener problemas importantes porque tienen un alto riesgo de quiebra a corto plazo.

Las órdenes se transmiten fácilmente porque está clara la jerarquía desde el primer eslabón al último de la compañía, así como las responsabilidades

Como principio general, los negocios que no se basen en la creación, funcionarán mejor con organigramas verticales. Cuando se trata de trabajar rápido, lo ideal es que las órdenes se transmitan rápido para que se ejecuten con la misma celeridad. Este es uno de los principales factores que aporta ventaja competitiva en las compañías que trabajan con márgenes muy reducidos.

4. Cuando la empresa tiene como principal motivación el ascenso de posiciones

Aunque la economía es competitiva por definición, hay modelos de negocio que ponen el énfasis en la competitividad interna para mejorar los niveles de facturación. No hay que olvidar que este tipo de estrategia es una forma de aumentar la productividad de la empresa porque hay un incentivo claro que es la promoción interna. Esto sucede cuando el nivel de cualificación requerida es similar en todos los empleados y el elemento definitorio es la excelencia en el desempeño de las funciones.

Uno de los ejemplos paradigmáticos es el de las empresas de marketing multinivel, donde los trabajadores pueden cobrar ‘royalties’ de otros si son capaces de subir de nivel. Otro caso recurrente es el de las pymes en las que la mayoría de los trabajadores hacen un poco de todo. En todos estos casos se nota la diferencia y un sistema vertical es muy recomendable.

Si se sabe utilizar bien, el organigrama vertical es una herramienta interesante y una filosofía de dirección empresarial que permite aumentar la eficiencia. Por ello, es aconsejable estudiar la naturaleza de cada empresa para ver si este es el modelo que más interesa.

Redacción APD
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