Número 388
Revista APD Ed. IV 2026
La industria despeja su ecuación energética
En los próximos años, pocas cuestiones marcarán tanto la agenda empresarial como la relación entre energía, industria, tecnología y competitividad, especialmente en una Europa que afronta una década decisiva. Los altos costes energéticos, la competencia global y las dependencias exteriores han hecho más visible una vulnerabilidad estructural que condiciona la capacidad de crecer. Precisamente por eso, la energía se ha convertido en un elemento estratégico para impulsar la industria, ganar autonomía y aumentar la competitividad.
España debe redefinir su política energética y configurar un mix de fuentes energéticas para cubrir las necesidades de todas las industrias y de nuevas actividades con una elevada demanda de recursos energéticos como, por ejemplo, las vinculadas a los centros de datos. Precisamos coordinar proyectos, inversiones, capacidades empresariales, conocimiento tecnológico y ubicaciones, pero esa base solo adquirirá valor si genera actividad industrial. El reto está en transformar ese potencial en proyectos concretos, haciendo que la energía llegue a las ciudades, a las fábricas y a los procesos electrointensivos, y facilitando la construcción de las infraestructuras necesarias, su conexión a las redes y la movilización de las inversiones para llevarlos a cabo.