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Europa ante un mundo fragmentado, a debate en Santiago de Compostela de la mano de Daniel Calleja

El actual contexto geopolítico y económico genera numerosas dudas entre el empresariado español, especialmente sobre el papel de la UE ante un mundo fragmentado, y cada vez más convulso y exigente. Con el fin de resolver esas dudas e inquietudes, el pasado 2 de julio cerca de medio centenar de directivos y representantes de empresas gallegas acudieron a un Almuerzo-Coloquio con Daniel Calleja, Director de la Representación de la Comisión Europea España, en un espacio exclusivo organizado por APD y ABANCA.

Desde el comienzo del encuentro, el mensaje fue claro: casi siete décadas después de la firma del Tratado de Roma, la paz, la libertad y la cooperación continúan siendo los principales fundamentos de la UE. Una reflexión que coincidió con el 40 aniversario de la adhesión de España, una efeméride que Calleja destacó como uno de los grandes hitos de la historia reciente del país. 

Preservar esos principios, sin embargo, exige adaptar la respuesta europea a un contexto profundamente diferente. La competencia entre grandes potencias, las nuevas dependencias estratégicas y el debilitamiento del orden multilateral obligan a la Unión a reforzar su capacidad de decisión y actuación. 

Un mundo fragmentado y diferente requiere una UE diferente 

El mapa económico, social y político poco tiene que ver con el de hace 40 años. “Nos encontramos en un desorden mundial”, afirmó Calleja durante su intervención. En este mundo fragmentado, advirtió, “la lógica internacional se sustituye por poder. Estamos viendo crisis en muchos países que antes eran ejemplo de estabilidad”. 

Ante esta realidad, defendió la necesidad de avanzar hacia “un cambio de modelo” sin renunciar a las raíces de la Unión. Este enfoque se concreta en reforzar la autonomía estratégica de Europa, ampliar su capacidad para tomar decisiones propias, reducir las dependencias exteriores y actuar de forma más coordinada entre los Estados miembros. 

Una de las palabras más repetidas durante el coloquio fue “simplificación”. Calleja presentó este proceso como una prioridad para mejorar la capacidad de actuación de la Unión y responder a una de las principales demandas del tejido empresarial 

La respuesta también debe apoyarse en una mayor integración industrial y tecnológica. Europa necesita aprender “el lenguaje del poder” y sentarse en la mesa con las grandes potencias para defender sus intereses y preservar su capacidad de influencia. 

Calleja subrayó que reforzar la competitividad europea ya no es solo una aspiración económica, sino una cuestión estratégica. Para lograrlo, la UE debe apoyarse en sus fortalezas económicas y sociales, evitar respuestas proteccionistas y favorecer la participación de todos los territorios. 

En este punto, destacó las oportunidades para España y Galicia, así como la importancia de reforzar la colaboración entre empresas, administraciones, universidades y centros tecnológicos. Una cooperación imprescindible para transformar las capacidades existentes en innovación, proyectos empresariales y actividad económica. 

Durante el almuerzo, compartió además algunas de las principales líneas de actuación impulsadas desde la UE. Entre ellas, mencionó la reorganización y estandarización de los sectores de seguridad y defensa, el refuerzo de la política industrial europea y la aplicación de la Ley de Materias Primas Fundamentales, destinada a diversificar los suministros y reducir las dependencias exteriores. 

mundo fragmentado_Encuentro Daniel Calleja_Santiago Compostela

La simplificación, una prioridad para Europa 

Una de las palabras más repetidas durante el coloquio fue “simplificación”. Calleja presentó este proceso como una prioridad para mejorar la capacidad de actuación de la Unión y responder a una de las principales demandas del tejido empresarial: reducir la carga burocrática y facilitar la aplicación de las normas. 

Esta transformación debe apoyarse, según explicó, en “más reglamentos y menos directivas”. El objetivo es avanzar hacia una regulación más homogénea, evitar interpretaciones diferentes entre los Estados miembros y facilitar la actividad de las empresas en el mercado único. 

El debate abordó igualmente los acuerdos de libre comercio, que Calleja defendió como “la mejor respuesta ante los aranceles”. Frente a la fragmentación económica y al avance de las políticas proteccionistas, Europa necesita ampliar sus alianzas, diversificar sus relaciones comerciales y reforzar su presencia internacional. 

La mirada se dirigió también hacia el medio y largo plazo. “Tenemos que pensar cómo queremos que sea la Europa de 2034”, planteó. En ese horizonte, consideró necesario preservar la cultura europea, la Política Agraria Común y el legado de instrumentos como los fondos Next Generation, al tiempo que se afrontan las nuevas exigencias económicas, industriales y geopolíticas. 

“Tenemos muchos retos y desafíos, pero debemos tener confianza en nosotros mismos. Están en juego nuestra calidad de vida y nuestros derechos”, concluyó ante los asistentes. 

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