Cataluña cuenta con importantes fortalezas en talento, innovación, digitalización y capacidad exportadora, pero todavía afronta el reto de transformar estos activos en mayor productividad y crecimiento empresarial. En esta entrevista, Carlos Puig de Travy, CEO de Crowe Spain, analiza las principales conclusiones del Barómetro de Competitividad de APD y reflexiona sobre las oportunidades para impulsar la competitividad del territorio.
Cataluña tiene muchos de los activos que necesitamos: talento, universidades, empresas, capacidad exportadora, I+D, digitalización y una marca Barcelona muy potente. Lo importante para avanzar es cómo conseguimos convertir mejor esos activos en productividad y crecimiento, es decir, en empresas que crezcan, inviertan y lideren mercados internacionales.
El dato que para mí resume el reto es la productividad por persona ocupada, que, a pesar de que en Cataluña está por encima de la de España, todavía se sitúa por debajo de la referencia europea. Y, a mi parecer, otro dato importante es que tenemos un alto porcentaje de población en edad de trabajar con educación terciaria, pero menos del 40% está en ocupaciones altamente cualificadas, cuando la media europea se sitúa por encima.
Por tanto, veo cinco oportunidades:
Por eso diría: «Cataluña no tiene principalmente un problema de falta de activos; tiene un problema de conversión y de conexión entre activos». Tenemos que pasar de una economía que innova y exporta bien a una economía que convierte mejor esa innovación y ese talento en empresas de mayor tamaño, mayor productividad y más empleo de calidad.
Según el Barómetro de APD, Cataluña ha aumentado un 5,31% su población en edad de trabajar entre 2020 y 2025, frente al 2,72% español y el 0,42% europeo. Tenemos, además, una proporción de población con educación terciaria superior a la de España y Europa. Pero tenemos dos señales de alerta: a) STEM: 22,91%, ligeramente por debajo del 23,63% europeo; y b) ocupaciones cualificadas: 38,03%, frente al 43,72% europeo. Eso significa que la cuestión no es únicamente formar más; es conectar mejor la formación con la demanda empresarial.
Yo propondría las siguientes medidas:
La idea que defendería: «Necesitamos una alianza permanente entre universidad, FP y empresa, pero no solo para formar trabajadores, sino para anticipar juntos las capacidades que Cataluña necesitará dentro de cinco y diez años». Y añadiría: «Tenemos que dejar de pensar en el talento Sénior como un coste de salida y empezar a verlo como un activo de transmisión de conocimiento».
Aquí el diagnóstico es muy claro. Cataluña tiene una buena presencia de grandes empresas y un VAB medio por empresa superior al de España y Europa. Pero la proporción de empresas de tamaño mediano es inferior a la europea y también estamos por debajo en empresas de alto crecimiento. Yo no plantearía que la solución sea simplemente «hacer más grandes las empresas». Hay otra posibilidad: «Darles escala sin obligarlas necesariamente a perder su independencia». ¿Y cómo? Con servicios compartidos. Varias pymes pueden compartir IA, ciberseguridad, compras, logística, internacionalización, RRHH, formación o inteligencia de mercado. Lo que una empresa de 40 trabajadores no puede permitirse, un grupo de 15, sí.
Una solución práctica pueden ser los clústeres orientados a negocio. No solo foros, sino organizaciones que produzcan: compras conjuntas, exportación conjunta, proyectos de innovación, desarrollo tecnológico y acceso a talento.
Otra oportunidad son las empresas tractoras. Utilizar las grandes compañías catalanas como tractoras de ecosistemas de proveedores y startups. El modelo sería: gran empresa + pyme + startup + universidad + centro tecnológico. En algunos países se han instaurado los consorcios de internacionalización, entidades que facilitan que varias empresas puedan compartir estructuras comerciales en mercados exteriores. Es especialmente interesante para pymes que individualmente no pueden permitirse una oficina, un director comercial o una estructura jurídica en determinados mercados.
Otro vector ha de ser facilitar sucesiones y operaciones corporativas. Hay empresas familiares perfectamente viables que desaparecen por problemas sucesorios. Conviene facilitar las sucesiones, adquisiciones, fusiones o la entrada de capital.
Y, por último, diría que debemos aprovechar una fortaleza que ya tenemos. Cataluña cuenta con 9.096 empresas exportadoras por millón de habitantes en edad de trabajar, frente a 5.414 en España y 6.916 en Europa. Por tanto, el objetivo no debería ser solamente conseguir más exportadores, sino conseguir que más empresas exportadoras tengan capacidad para crecer internacionalmente.
«No necesitamos que todas las pymes se conviertan en grandes empresas. Necesitamos que puedan acceder a las ventajas de la escala mediante alianzas, servicios compartidos, empresas tractoras y colaboración para internacionalizarse».
Aquí hemos de ser contundentes y hemos de trabajar intensamente para convertir la velocidad y la previsibilidad administrativas en una ventaja competitiva de Cataluña.
El Barómetro indica que es ahí donde se encuentra el mayor problema. El entorno institucional y regulatorio obtiene 38,60 puntos, frente a 44,32 en España, y es el único eje donde Cataluña queda claramente por debajo de la media nacional. Los indicadores territoriales del EQGI muestran, además, una percepción inferior a la de España y Europa en calidad de servicios públicos, imparcialidad administrativa y control de la corrupción. El propio informe señala que algunos indicadores regulatorios son nacionales y no catalanes, porque no existe información territorial comparable. Por tanto, yo no diría que cada problema regulatorio concreto sea exclusivamente catalán. Pero sí utilizaría el diagnóstico general como una señal muy fuerte de que existe margen de mejora.
¿Qué hacer? Crearía un compromiso: «Cataluña, el territorio donde invertir sea rápido y previsible» y, para ello, avanzaría en determinados proyectos estratégicos, como una ventanilla única real, un único interlocutor administrativo, plazos máximos, silencio administrativo cuando jurídicamente sea posible, coordinación entre Generalitat, ayuntamientos y otras administraciones, seguimiento digital del expediente y una evaluación anual del cumplimiento. Y mediría públicamente: ¿cuánto tarda hoy una inversión en pasar de proyecto a realidad?
Estas medidas las priorizaría por encima de una bajada general de impuestos, que también es necesaria, porque un impuesto afecta al coste, pero la incertidumbre y la lentitud afectan a la decisión de invertir. Por eso, yo no me centraría solo en decir «Cataluña debe bajar impuestos», sino que diría, en primer lugar: «Cataluña debe ofrecer la máxima seguridad, previsibilidad y velocidad para quien decide invertir».
Tampoco plantearía la reforma administrativa como algo que la Administración debe hacer para las empresas; la haría con las empresas: «Para mejorar la regulación y la Administración necesitamos escuchar sistemáticamente a quienes utilizan el sistema. La colaboración público-privada no debería limitarse a financiar infraestructuras o proyectos; debería servir también para diseñar y mejorar cómo funciona el propio ecosistema económico». Esto encaja especialmente bien con el diagnóstico del Barómetro y con el espíritu del proyecto APD de construir la competitividad de forma colectiva.
Y acabo: «Mi lectura del Barómetro es que Cataluña tiene buenos activos competitivos: talento, innovación, empresas, digitalización y una extraordinaria capacidad exportadora. Pero todavía existe una brecha entre esos activos y los resultados que conseguimos en productividad y crecimiento. Por eso creo que la siguiente etapa debe ser una etapa de conversión: convertir talento en ocupaciones de mayor valor, I+D en innovación de mercado, pymes buenas en empresas que escalen y digitalización en productividad. Y para hacerlo necesitamos mejorar el sistema que conecta todos esos activos: una Administración más ágil, mayor colaboración público-privada y una relación basada en confianza, estabilidad y objetivos medibles».
«Cataluña no necesita tanto más activos como conseguir que sus activos trabajen mejor juntos».