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Beneficios, flexibilidad y salario: así se redefine la compensación

Durante años, hablar de compensación en la empresa era hablar casi exclusivamente de sueldo. La conversación giraba en torno a cuánto se cobraba, qué subida podía aplicarse o qué margen tenía una compañía para mejorar su oferta económica. Pero esa lógica se ha ido quedando corta. En un mercado laboral más competitivo, con plantillas más diversas y con nuevas exigencias en torno a conciliación, transparencia y experiencia del empleado, la compensación ha ampliado su significado y se ha convertido en algo más complejo que una cifra en la nómina.

Hoy, los profesionales no solo valoran cuánto ganan, sino también cómo se articula esa propuesta. A la retribución se le pide algo más: que sea comprensible, que tenga capacidad de adaptarse a distintas necesidades y que incorpore beneficios que mejoren de forma tangible la experiencia del empleado. Esa es una de las ideas de fondo que recorre ‘Compensación salarial e innovación 2026′, el informe elaborado por Coverflex a partir de una encuesta a 1.208 trabajadores en España y publicado en marzo de 2026.

La compensación ya no cabe en la nómina

A partir de ahí, los datos son rotundos. El 91% de los profesionales ya no entiende una buena compensación como solo salario, sino como una propuesta más amplia. En concreto, el 50% cree que debe incluir salario, beneficios y ventajas fiscales, mientras que otro 41% la asocia a salario y beneficios. Solo un 9% sigue considerando suficiente la retribución fija. El cambio no es menor: revela que la compensación ha dejado de percibirse como una cifra cerrada para pasar a entenderse como un sistema compuesto, en el que el valor final depende también de cómo se estructura y de qué opciones reales ofrece al trabajador.

La compensación ha dejado de entenderse como una cifra cerrada y pasa a medirse también por su capacidad de adaptarse a las necesidades reales del empleado

Ese giro de mentalidad tiene una consecuencia directa para las empresas. Los beneficios ya no ocupan un lugar secundario ni funcionan como un mero complemento reputacional. Han pasado a formar parte del núcleo de la propuesta laboral. El informe muestra que siete de cada diez empleados consideran que el paquete de beneficios influye de forma importante o decisiva a la hora de entrar o permanecer en una compañía. Además, la relevancia atribuida a la oferta de beneficios flexibles se mantiene en un 7 sobre 10, el mismo nivel registrado el año anterior.

Los beneficios pasan a ser decisivos

La lectura es clara: en un entorno de mayor competencia por el talento, dos ofertas con el mismo salario bruto ya no se perciben como equivalentes si una de ellas incorpora seguro de salud, tarjeta restaurante, transporte, formación o fórmulas que permiten optimizar la fiscalidad. El empleado compara cada vez menos una nómina aislada y cada vez más una propuesta total. Y esa propuesta total incluye utilidad práctica, margen de elección y encaje con la realidad cotidiana de cada persona. La compensación ocupa así un lugar central en la experiencia laboral y se consolida como uno de los principales ejes de decisión en el mercado de trabajo español.

Sin embargo, una de las principales conclusiones del estudio es que esa nueva expectativa del talento todavía no encuentra una respuesta suficiente por parte de muchas organizaciones. Más de la mitad, un 54%, no recibe ningún beneficio flexible adicional a su salario base. Es decir, mientras el mercado avanza hacia una visión más completa y sofisticada de la compensación, una parte muy relevante de las empresas sigue operando con esquemas más tradicionales.

 

La brecha entre lo que se espera y lo que se ofrece

Ahí aparece una brecha especialmente significativa: la distancia entre lo que los profesionales valoran y lo que efectivamente reciben. El mercado laboral parece haber asumido ya que la compensación debe ser más amplia, más flexible y más útil, pero muchas organizaciones todavía no han traducido esa expectativa en una propuesta concreta.

Ese desfase se entiende todavía mejor si se observa el contexto de las plantillas actuales. Hoy conviven en las organizaciones cuatro generaciones -Generación Z, Millennials, Generación X y Baby Boomers-, cada una con expectativas distintas sobre estabilidad, conciliación, desarrollo o autonomía. Esa diversidad obliga a repensar la arquitectura de la compensación. Un paquete cerrado y uniforme ya no responde igual de bien a todos los perfiles. Lo que para un trabajador puede resultar determinante en forma de formación o tecnología, para otro puede tener más valor en seguro de salud, guardería o transporte.

La convivencia de distintas generaciones y nuevas expectativas laborales obliga a las empresas a revisar modelos retributivos pensados para plantillas mucho más homogéneas

La personalización, por tanto, deja de ser un extra para convertirse en una herramienta de eficacia. Diseñar políticas retributivas pensando en un empleado tipo ya no resulta suficiente en un escenario marcado por trayectorias profesionales, edades y necesidades vitales muy distintas. Lo que cambia no es solo la oferta, sino el tipo de demanda que las empresas tienen delante.

Es precisamente ahí donde el informe detecta uno de los mayores márgenes de mejora. Solo el 13% de los empleados considera que su plan de beneficios es realmente flexible. Aunque la evolución respecto a 2025 es positiva -desciende del 52% al 46% el grupo que lo percibe como poco o nada flexible y sube del 34% al 41% el que lo ve moderadamente flexible-, el avance todavía es insuficiente para hablar de un modelo maduro. La mayoría de los trabajadores no siente aún que su empresa le ofrezca una estructura de beneficios verdaderamente adaptable a sus necesidades.

Flexibilidad: la gran asignatura pendiente

La flexibilidad, además, no solo depende de la existencia de beneficios, sino también de su comprensión. Las ventajas fiscales asociadas a la retribución flexible constituyen uno de sus grandes atractivos, pero siguen siendo poco conocidas: solo el 18% afirma comprenderlas bien. Y ese dato es especialmente relevante porque, cuando el sistema se entiende, gana valor a ojos del trabajador.

La retribución flexible permite destinar parte del salario bruto a productos o servicios con tratamiento fiscal favorable -como salud, comida, transporte, guardería o formación- y mejorar así el salario neto sin elevar el coste salarial para la empresa. Pero para que esa fórmula resulte eficaz no basta con ponerla a disposición: hay que explicarla.

Más que ofrecer beneficios, el reto para las compañías es construir propuestas comprensibles, útiles y alineadas con una nueva relación entre empresa y talento

Transparencia y comprensión, claves del nuevo modelo 

La necesidad de claridad enlaza con otro de los grandes asuntos que aparecen en el estudio: la transparencia salarial. A las puertas de la entrada en vigor de la Directiva Europea de Transparencia Retributiva, la transparencia deja de ser una buena práctica para convertirse en una exigencia legal. Sin embargo, el nivel de conocimiento entre los trabajadores sigue siendo bajo: solo el 17% dice conocer bien las nuevas obligaciones. En ese escenario, la transparencia no debería limitarse a publicar cifras o rangos, sino a ofrecer contexto y explicar de forma comprensible cómo se construye la compensación total, qué criterios la determinan y qué margen tiene cada profesional para mejorarla.

Esta idea resulta central porque permite entender por qué la conversación sobre compensación ha cambiado tanto. No se trata solo de cuánto paga una empresa, sino de cómo articula ese pago, cómo lo comunica y hasta qué punto lo convierte en una herramienta de atracción y fidelización. En otras palabras, la compensación ya no es un asunto exclusivamente financiero; es también una expresión de cómo una organización entiende su relación con el talento. Ya no funciona como un complemento, sino como una declaración sobre el tipo de vínculo que la empresa quiere construir con sus empleados.

Mejora la satisfacción, pero no lo suficiente

Aun así, el panorama no es enteramente negativo. El estudio también recoge señales de avance. La satisfacción media con el paquete de compensación sube hasta el 6,9 sobre 10, frente al 6,3 del año anterior, y aumenta del 38% al 43% el porcentaje de empleados que valora su paquete con un 8 o más. Al mismo tiempo, se reduce con fuerza el bloque más crítico. Hay, por tanto, una mejora real en la percepción general. El problema es que esa mejora convive con una conclusión menos complaciente: más de la mitad de los trabajadores todavía no sitúa su paquete en niveles altos.

Ese matiz es importante porque evita una lectura triunfalista. El mercado laboral español no está diciendo que las empresas no hayan avanzado; está diciendo que el avance todavía no alcanza el nivel de exigencia del talento. Los empleados reconocen una evolución favorable, pero siguen reclamando más capacidad de elección, más flexibilidad efectiva y una comprensión más clara del valor total de su compensación. Y eso obliga a las compañías a revisar no solo cuánto pagan, sino cómo diseñan, explican y actualizan sus propuestas.

Los empleados reconocen una evolución favorable, pero siguen reclamando más capacidad de elección, más flexibilidad efectiva y una comprensión más clara del valor total de su compensación

Desde esa perspectiva, el informe de Coverflex retrata un cambio de fondo. Durante años, las políticas retributivas se construyeron en torno a una lógica relativamente uniforme: salario fijo, algunos beneficios estándar y escaso margen de personalización. Hoy ese esquema empieza a quedarse corto. La convivencia de perfiles muy distintos, la presión por atraer y retener talento y la exigencia creciente de transparencia empujan hacia modelos más abiertos, comprensibles y evolutivos. Modelos que no ofrezcan necesariamente más por sistema, pero sí mejor.

La conclusión es tan simple como decisiva: el salario sigue siendo central, pero ya no basta para explicar por sí solo el valor de una oferta laboral. Los profesionales quieren una compensación que de verdad compense; es decir, una propuesta que combine retribución económica, beneficios útiles, eficiencia fiscal y capacidad de adaptación. Los datos muestran que esa expectativa ya no es aspiracional ni marginal, sino que se ha convertido en una nueva norma del mercado. Y la pregunta para las empresas no es tanto si deben tenerlo en cuenta, sino cuánto tiempo pueden permitirse seguir sin hacerlo.

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