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Las desventajas de un ERTE para empresas y empleados

Conocer las desventajas de un ERTE ayuda a tomar una decisión informada ante situaciones de crisis en las que es necesario tomar medidas excepcionales.

Debido al parón de la economía provocado por el coronavirus, cerca de cuatro millones de trabajadores y más de 33.000 empresas se han visto afectados por esta medida, pero ¿en qué consiste realmente y cuáles son sus consecuencias para trabajadores y empresas?

¿En qué consiste un ERTE?

La palabra ERTE corresponde a las siglas expediente de reducción temporal del empleo. Se trata de una figura recogida en el artículo 47 del Estatuto de los Trabajadores que persigue flexibilizar los costes laborales de la empresa ante situaciones económicas complicadas. Para ello, propone dos fórmulas: la suspensión del contrato del trabajo o la reducción de un porcentaje de la jornada.

No puede presentar un ERTE todo el que lo desee, sino que tiene que cumplir con uno de los tres requisitos contemplados en la ley:

– Causas económicas:

Cuando la empresa afronta un panorama económico con pérdidas actuales o previstas o ha visto que sus ingresos se han visto drásticamente reducidos.

– Causas técnicas o productivas:

Se refieren a aquellas derivadas de un cambio en el sistema de producción o un cambio en el patrón de la demanda de los productos o servicios.

– Causas organizativas:

Son las derivadas de un cambio de la estructura corporativa o en los métodos de trabajo.

– Condiciones:

Además de encontrarse bajo una de estas situaciones, las empresas que lo solicitan deben cumplir con las siguientes condiciones:

  • Tiene que afectar al menos a un 10% de la plantilla o a más de 30 trabajadores en aquellas corporaciones con más de 300 empleados.
  • Se debe presentar un documento en el SEPE alegando el motivo e indicando de manera explícita el impacto de la medida y la duración exacta de la misma.

desventajas de un ERTE para empresas

¿Cuáles son las desventajas de un ERTE para la empresa?

En el Real Decreto Ley donde se han acordado las prórrogas hasta septiembre para los ERTE por causa de la COVID-19, una de las condiciones que se establece es la prohibición de hacer nuevas contrataciones mientras duren los expedientes de reducción temporal de empleo ni de forma directa ni a través de empresas de trabajo temporal.

Además, una de las condiciones impuestas por el Gobierno para poder flexibilizar los costes de personal de empresas por el coronavirus es que, una vez reiniciada la actividad laboral, aquellas empresas que han utilizado la figura de la reducción temporal del empleo están obligadas a mantener el puesto de trabajo al menos durante seis meses.

¿Qué desventajas tiene un ERTE para un trabajador?

La otra parte implicada en esta situación, el trabajador, también va a sufrir el impacto de esta situación. Aunque se van a beneficiar de la tranquilidad que ofrece tener un puesto de trabajo garantizado, la suspensión del contrato de trabajo también va a tener otro tipo de consecuencias.

Una de las más comentadas es la de la no generación del derecho a vacaciones. Al considerarse suspendido el contrato de trabajo, no se produce el devengo, por lo que el tiempo que dure el ERTE no generará derecho a vacaciones.

Aunque el empleado no esté trabajando, sino cobrando la prestación por desempleo, este deberá seguir pagando las cuotas a la seguridad social, que se le descontarán del subsidio. Respecto a las exoneraciones totales o parciales a las que pueden acogerse las empresas, estas no afectarán a los cálculos para la jubilación.

En cuanto a la tributación, es importante que el trabajador tenga en cuenta las retenciones del IRPF. El dinero máximo que se puede percibir del SEPE son 1.098,09 € al mes, unos 13.176,72 € anuales. Esta cantidad está por debajo del límite de 14.000 € anuales, por lo que no se realizarán retenciones. El problema puede aparecer cuando, en el cómputo de todo el año, se supere esta cantidad al añadir el sueldo y haya que pagar la diferencia de una vez.

Qué puede y qué no puede hacer una empresa durante un ERTE

Al estar regulados por ley y ser una medida que pretende flexibilizar la estructura laboral de las organizaciones a la vez que intentar preservar el puesto de trabajo de los empleados, los expedientes de regulación temporal de empleo implican una serie de derechos y obligaciones para los empresarios.

Tener la capacidad de ajustar temporalmente la plantilla permite reducir drásticamente los costes laborales. Además, como se puede aplicar de forma selectiva, se puede reducir el personal de aquellos departamentos o áreas de negocio donde los trabajadores sean menos necesarios.

No conviene perder de vista cómo estas reducciones en los equipos, más allá de suponer un ahorro importante en costes laborales, también van a suponer una pérdida importante de la productividad. Por este motivo, cuando se llevan a cabo es imprescindible una buena planificación y previsión. Esto ayudará a saber reincorporarlos en el momento justo en el que vuelvan a ser necesarios.

También puede ser interesante explorar si la empresa puede acogerse a ventajas fiscales relacionadas con esta situación como la exención de las cuotas de la Seguridad Social a aquellas empresas que han tenido que presentar un ERTE por el coronavirus, aunque no conviene perder de vista que si se están recibiendo ayudas por determinados trabajadores, se suspenderán mientras estos no trabajen.

¿Cómo se traduce esto en la situación actual?

Como se ha mencionado en la introducción, la crisis del coronavirus ha traído consigo una solicitud masiva de expedientes de regulación temporal del empleo. Aunque, por norma general, siguen los requisitos del Estatuto de los Trabajadores, los decretos 8/2020 y 24/2020 (que regula la prórroga del primero) establecen ciertas condiciones excepcionales.

Uno de los ejemplos es la prohibición de los despidos en los seis meses posteriores a la reincorporación de los trabajadores, pero también regula, entre otras cosas, las medidas de control para evitar fraude o las exenciones de las cuotas de la Seguridad Social.

En definitiva, un ERTE es una medida que puede ser de gran ayuda para garantizar la viabilidad de las empresas, aunque también tiene sus inconvenientes. Aprovecharse de esta medida cuando sea estrictamente necesario beneficiará a trabajadores y empresarios, pero aspectos como la forma en la que una reducción de plantilla afecta a la productividad o los compromisos que se adquieren al solicitarlo no se deben perder de vista para evitar consecuencias inesperadas.

Redacción APD
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