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Europa ante su propio renacimiento: competir sin renunciar a su modelo

Durante años se ha instalado un relato de pérdida de protagonismo europeo frente a Estados Unidos y China. Una narrativa que presenta a Europa como una región excesivamente regulada, lenta en la toma de decisiones y alejada de los grandes centros de innovación. Pero ¿es ese diagnóstico completo? ¿O Europa sigue siendo una potencia económica, social e institucional con más capacidad de influencia de la que proyecta?

Sobre estas cuestiones giró el encuentro ‘El renacer de Europa: el héroe inesperado del siglo XXI, organizado por APD y qaracter en la Oficina del Parlamento Europeo en España en Madrid el pasado 27 de abril.

Europa no está en declive. Europa es una fuerza tranquila, con una visión a largo plazo, que ha sabido resistir a las crisis y que tiene un modelo propio

Encuentro moderado por Enrique Galván, CEO de Qaracter, la conversación entre Daniel Calleja y Crespo, director de la Representación de la Comisión Europea en España, y Arturo Bris, director del Centro de Competitividad Mundial del IMD, ayudó al medio centenar de directivos invitados a mirar el presente europeo con mayor perspectiva: sin negar sus debilidades, pero también sin asumir como inevitable un relato de declive.

Coloquio privado APD 'El renacer de Europa: el héroe inesperado del siglo XXI

«La cuestión no es tanto si Europa tiene capacidad, sino cómo la está desplegando»

El punto de partida lo planteó Laura González-Molero, presidente de APD, al recordar que Europa atraviesa un momento especialmente relevante. Un tiempo en el que se habla de competitividad, posicionamiento global y capacidad de influencia, pero también «de pérdida de protagonismo frente a otras economías».

Frente a esa visión, González-Molero defendió la necesidad de analizar el papel europeo con una mirada más amplia: «Europa sigue siendo una de las grandes áreas económicas del mundo. Cuenta con un tejido empresarial sólido, con talento altamente cualificado y con un marco institucional que, con sus complejidades, aporta estabilidad y confianza», señaló.

La cuestión no es tanto si Europa tiene capacidad, sino cómo la está desplegando. Y ahí aparece una de las claves de fondo del encuentro: la distancia que existe entre lo que Europa es y lo que consigue proyectar en términos de liderazgo económico.

Reducir esa distancia exige decisiones, coordinación y una mayor implicación del tejido empresarial. Porque el futuro europeo no se construirá solo desde las instituciones, sino también desde las compañías, la inversión, la innovación y la capacidad de escalar proyectos en un entorno cada vez más competitivo.

Europa no está en el menú

Uno de los grandes mensajes de la jornada fue la necesidad de combatir el europesimismo. En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, el desorden internacional y la competencia entre grandes potencias, Calleja y Crespo recordó que se ha extendido una pregunta recurrente: ¿dónde está Europa?

Con frecuencia, explicó, la respuesta suele ser pesimista. «Incluso europesimista», advirtió. Se habla de una Europa ausente de la mesa de las grandes potencias y, por tanto, en riesgo de convertirse en parte del menú.

Frente a esa idea, Calleja defendió una lectura distinta: Europa conserva un papel relevante y un proyecto propio. “Europa no está en declive. Europa es una fuerza tranquila, con una visión a largo plazo, que ha sabido resistir a las crisis y que tiene un modelo propio de prosperidad, innovación y justicia social”, afirmó.

A su juicio, el modelo europeo no es obsoleto. Al contrario, ha permitido superar crisis sucesivas y preservar derechos, libertades, protección social, seguridad jurídica y estándares de calidad de vida que no existen en muchas otras regiones del mundo.

Europa no es un actor irrelevante ni un simple regulador de la economía global. Es un motor de innovación en sectores clave y una región con fortalezas que no siempre sabe comunicar

En este sentido, Arturo Bris, también autor de Super Europa. El héroe inesperado del siglo XXI, defendió que el relato dominante sobre Europa no siempre responde a los datos. Buena parte de esa narrativa negativa, explicó, procede de fuera, pero ha acabado condicionando la forma en que los propios europeos se miran a sí mismos.

«Lo que me movió a escribir este libro fue darme cuenta de que esa narrativa nos había contaminado«, señaló. Para Bris, Europa no es un actor irrelevante ni un simple regulador de la economía global. Es un motor de innovación en sectores clave y una región con fortalezas que no siempre sabe comunicar.

Coloquio privado APD 'El renacer de Europa: el héroe inesperado del siglo XXI

Competitividad: prosperidad, no solo PIB

Uno de los puntos más relevantes del encuentro fue la definición misma de competitividad. Para Arturo Bris, uno de los grandes errores del debate económico es reducir el éxito de un país al crecimiento del PIB o a la capitalización bursátil de sus compañías.

«El producto interior bruto es una medida equivocada de éxito económico. La competitividad, a nivel nacional, es prosperidad, calidad de vida, nivel de salarios, un medio ambiente sano, buenas escuelas y buenos hospitales», afirmó el experto.

Desde esta perspectiva, Europa aparece mucho mejor posicionada de lo que a menudo se percibe. Bris recordó que, en los rankings internacionales de competitividad del IMD, muchos de los países mejor situados del mundo son europeos. El atractivo del continente se mide también por su capacidad para atraer talento, ofrecer estabilidad y garantizar un entorno vital y empresarial seguro.

Europa «puede y debe» seguir compitiendo globalmente, pero sin copiar modelos ajenos

«Si preguntas a mis estudiantes dónde quieren trabajar, muchos quieren quedarse en Suiza, Alemania o Madrid. Poca gente quiere ir a Estados Unidos», señaló. Incluso apuntó que se está produciendo un cambio relevante en los flujos de talento, con profesionales que antes habrían elegido Estados Unidos y que ahora muestran mayor interés por Europa.

Calleja coincidió en que Europa «puede y debe» seguir compitiendo globalmente, pero sin copiar modelos ajenos. «Tenemos que hacerlo con nuestro modelo. Si es necesario adaptarlo, lo tenemos que adaptar, pero no nos gusta ni el modelo de esclavitud del sudeste asiático ni el modelo de diferencias sociales exorbitantes de otras zonas del mundo».

Coloquio privado APD 'El renacer de Europa: el héroe inesperado del siglo XXI

Innovación europea: más fuerte de lo que parece

El encuentro también permitió cuestionar otro tópico habitual: la idea de que Europa regula mientras otros innovan. Ante la pregunta de Enrique Galván sobre si Europa es motor de innovación o simplemente «el árbitro mejor vestido de un partido que están ganando otros», Arturo Bris fue tajante: «Motor de innovación, sin ninguna duda».

El director del Centro de Competitividad Mundial del IMD defendió que Europa lidera o tiene posiciones de referencia en sectores como la industria farmacéutica, los bienes de consumo, la ciberseguridad, la biotecnología, las fintech, los pagos o determinadas tecnologías industriales.

No somos árbitros. Somos un continente en el que se regula, pero la regulación nos ayuda

Además, subrayó que muchas de esas capacidades no existirían sin el marco regulatorio europeo. «El sistema de Open Banking europeo es el resultado de directivas que han facilitado la innovación», explicó. Para Bris, la regulación no siempre es una carga: bien diseñada, puede crear mercados, generar confianza y facilitar la adopción de nuevas soluciones.

Calleja también defendió esta visión. «No somos árbitros. Somos un continente en el que se regula, pero la regulación nos ayuda», señaló. En su opinión, los estándares europeos acaban convirtiéndose muchas veces en estándares globales, lo que otorga a las empresas europeas una ventaja de primer movimiento.

La cuestión, por tanto, no es elegir entre innovación o regulación, sino conseguir que la regulación favorezca el crecimiento empresarial y no se convierta en una barrera innecesaria.

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